Walking on the wild side

Walking on the wild side

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Sierra Magina

Catedral de Jaen
Corren los tiempos como el agua en las escorrentías, como un flujo que no se detiene. Aunque las laderas y los barrancos secos y polvorientos parecen no recordar, acaso, la última vez que el agua regó los campos.

Feliz vida la de aquel, recordaba Horacio, que regresaba a la vida natural, pegado a la tierra, amarrado a lo esencial y no a los artificios de la vida de la urbe, Aunque también suena eso a literatura. Hay poca odisea, a veces, en los ritmos repetitivos de las existencias. En las tareas de sol a sol, donde se exprime el fruto de la tierra, donde la heredad no es de quien la produce, tantas veces, ni el fruto del trabajo, sacado con dolor, tampoco.

“Aceituneros de Jaén, aceituneros altivos….”. El viaje nos acerca a la urdimbre de las pequeñas cosas, es como ir descubriendo huellas, una biografía de hombres normales y anónimos que un día vivieron una vida. El viajero porta la suya, que va haciendo en los caminos, tratando de estar con el oído atento a los lugares comunes donde los tiempos son vividos.

Sierra Mágina, es un rincón donde esa vida, como en tantos otros se expresa y toma cuerpo, paisajes de montaña, sin que llegar a ser altivas, muestra las espectacularidad de sus agrestes rincones, de escarpes y aristas que perdiéndose en los valles, amenizan la vista.

Y más abajo, donde las cosas pierden su vocación de verticalidad aparecen los olivos, lecciones de geometría que tapizan los valles y los oteros. Y en ellos el fruto que a la sazón torna a madurar, segrega savia de vida nueva en la tierra que rezuma aceite de esas pequeñas perlas que maduran lentamente.

El olivo construye ese modo de ser, es la melodía silenciosa que da color a los días, haciendo de los habitantes verdaderos pastores y cuidadores de esos árboles que lentamente pacen eternos siglos de silencio.

Y como custodiando los altivos montes se extienden los pueblos blancos rectilíneos, donde el tiempo a veces también parece detenerse como avisándonos que nuestras prisas nunca son demasiados buenas.

También el paisaje hecho geografía humana nos habla de viejas fronteras, esas un día amenazantes pues dibujan a las gentes del otro lado dividiendo lo que es un continuo. ¿Pero cuál es el lado bueno?, el viajero nunca lo llega a saber pues es todo cuestión de perspectiva, de lo lejos que le lleve la constancia de sus zapatillas.

Aquí las piedras hablarían si hablasen, de los Nazaríes, escuchamos su historia, su rumor quedo inmortalizado, al menos, entre las formas de sus castillos y las torres de vigilancia, también en la arquitectura interna de los pueblos y en la toponimia, ese insondable arsenal de ensoñaciones.

Jaén, capital, también nos recibió con un abrazo cálido, como quien huérfano de reconocimiento también quiere mostrar su dignidad, otras ciudades parecen hacerle poderosa sombra, pero bien merece también su visita, mientras el viajero se pierde por sus estrechas callejuelas de la parte antigua hasta encontrarse. La catedral es poderosa, robusta, frente a ella escuchamos otras voces, también presentes y que forman esa sintonía de ciudad.

Así que, ponderando todos los elementos tenemos una Sierra que no deja de ser mágica, pues la magia está en el corazón del viajero atento, y una frontera, y un fruto, el olivo, que marca el orden de los tiempos, las tareas y los descansos, hay más cosas, sin embargo no es balde que el caminante haga sus propios descubrimientos, que se aquiete y busque la dulce serenidad de las pequeñas cosas.

“Andaluces de  Jaén,
Aceituneros altivos,
Decirme del alma de quien  
Son esos olivos….
Andaluces de Jaén”

Nota practica
Marchas realizadas

El cerro Jabalacruz y el Castillo de Santa Catalina 13 km
Sábado 5 de diciembre

Castillo de Santa Catalina
Se trata de una ruta alrededor del Cerro Jabalacruz, verdadera atalaya que preside el paisaje urbano de la ciudad de Jaén. Sobre un espolón rocoso, varado en su arista, se asienta el Castillo de Santa Catalina, hoy parador. Su construcción es de origen cristiano erigido tras la conquista de la cuidad por Fernando III el Santo en 1246 que se la arrebató al rey moro Al-Ahmar. Desde allí bajamos caminando hasta entrar en la cuidad.

Sendero de Fuenmayor. 14 km
Domingo 6 de diciembre


En la cara norte de la Sierra Mágina, en un valle asentado al amparo de las laderas del Cerro Ponce y rodeado por otras alturas que parecen cerrar el valle, el caserío de la población de Torres parece ganar espectacularidad a medida que ganamos altura hasta alcanzar una especie de collado donde el camino cambia de vertiente y regresa a la localidad. Sin embargo esta zona de bajada es poco agradable ya que los cercados impiden tomar atajos por lo que los últimos kilómetros se han de realizar por una carreterilla asfaltada.

Sendero del Peralejo y Piedra del Águila 11 km
Lunes 7 de diciembre


Sin duda la marcha más bonita por la amenidad de los paisajes que permiten ir descubriendo esos rincones pocos conocidos de la Sierra Mágina. Cortijos esparcidos entre inmensos campos de olivares, la dorsal caliza de la Sierra, y los pueblos blancos suspendidos en la distancia componen un conjunto francamente bonito. La comida sobre una pequeña atalaya dominando un amplio paisaje nos sirvió para gozar del mismo.

El Adefal de Cuadros 7 km
Martes 8 de diciembre 



Corta pero intensa marcha, otra vez en su vertiente norte. Situados cerca de la localidad de Bedmar, el camino se empina decididamente para ir primero a visitar el torreón de Cuadros, construido sobre un roquedo que permite contemplar un amplio paisaje salpicado de huertas, pequeños caseríos y zonas de cultivo. Seguimos subiendo fuertemente, aunque luego el camino se dulcifica hasta alcanzar la zona de las Viñas, ya no lejos del Pico de la Carluca. Comenzamos un descenso bastante rápida por una senda muy bonita que profundiza en un pinar, hasta llegar al fondo de un estrecho barranco que forma el Rio Cuadros en cuyas orillas se asienta un denso  adelfal, uno de los más importantes de la Península. 



jueves, 19 de noviembre de 2015

Balcones de la Pedriza. Collado de la Dehesilla y la Ventana

La Pedriza desde el Collado de la Ventana
Balcones en la Pedriza hay muchos, donde observar ese paisaje imposible de los bloques de granito, de aristas redondeadas por la acción del agua y del hielo, que han esculpido caprichosos volúmenes donde la imaginación inquieta puede nombrar distintas formas y seres casi fantasticos. Entre los grandes bloques, fruto de esa misma erosion, se forman un conjunto de pasadizos, de oquedades, donde el senderista trepariscos pone a prueba sus habilidades.

Otro precioso dia de noviembre nos dio la bienvenida, el cielo azul y la temperatura suave y liviana invitaban a iniciar la marcha sin casi dilación. Subimos por la Autopista de la Pedriza hasta la zona del LLano de la Peluca, ya en medio de un espeso arbolado. Cruzamos el rio, unos senderistas que habían acampado en las inmediaciones estaban recogiendo sus pertenencias en ese momento. 

Alcanzamos la Fuente Acuña y sin llegar a subir al refugio comenzamos a seguir por el senderillo que sin pérdida alguna rodea la enorme roca del Tolmo y comienza una suave ascensión hacia el Collado de la Dehesilla (1431m). Engarce entre las dos Pedrizas y uno de los rincones emblemáticos, animado  por la presencia de grupos de montañeros y corredores.

La idea era explorar el PR que por la linea cimera une el Collado de la Dehesilla con el Collado de la Ventana  (1784m). Normalmente se suele hacer al reves, ya que tiene un perfil descedente y tal vez más cómodo. Sin embargo nosotros la hicimos en sentido contrario, aunque suponga superar un desnivel que sin ser demasiado agobiante, al tratarse de un recorrido entre grandes rocas si tiene su trabajo y requiere cierta concentración en el recorrido.

Bola de Navajuelos
Aparte de alguna pequeña trepadilla, tuvimos que agacharnos y casi tumbarnos para salvar unas grandes rocas por algunos agujeros. Cuando terreno lo permitia nos asomábamos sobre grandes bloques de granito para contemplar ese paisaje abigarrado y espectacular, en el que a veces y contra todo pronóstico resulta difícil pensar que hay un camino. Más bien un desafiante sendero al que agarrarse como una lapa para progresar. Y por supuesto, no perderlo.

La subida hasta la brecha de Mataelvicial (1633m) es algo intrincada, pero se supera bien gracias al PR muy bien balizado con abundantes señales. Alcanzamos la amplia pradera de Navajuelos, un poco antes dos grandes bloques parece impedirnos el paso y es necesario casi arrastrarse por un estrecho hueco en la base de la roca, en la denominada espalda de la Bola de Navajuelos. 

Comenzamos una subida y encontramos la mayor dificultad del dia. Una gran roca en mitad de una zona de trepada, justo antes de que el camino entre por un amplio tunel. Aquí nos quitamos la mochila y buscamos la mejor forma de trepar, pero casi no hay agarres y paree misión imposible. Estábamos empezando a mirar seriamente la posibilidad de darnos la vuelta, cuando un montañero, que hacía la ruta en sentido contrario, nos ofreció una mano salvadora para superar el escalón.

Pared de Santillana
Ya sin mayores agobios el PR se presenta ante la mítica pared de Santillana donde unos escaladores estaban subiendo una via.  El camino alcanza la base, la rodea dejándolo a la izquierda y sube ya por unos grandes bloques sin dificultad hasta el Cancho de la Herrada. La senda se dulcifica pìerde parte de su carácter salvaje, lo que da tiempo a contemplar el paisaje grandioso que rodea el collado de la Ventana. 

Comemos, nos acercamos a contemplar la parte alta del Canal de las Abejas, el paisaje es impresionante, muy abajo y muy lejos tintinean las luces de los coches estacionados en Cantocochino. Son las tres de la tarde y tenemos que regresar pues estamos en noviembre y las horas de sol están mas que contadas. Cogemos el sendero que baja directamente buscando el arroyo de los Poyos y de nuevo la autopista, perdiendo los casi 400 metros de desnivel con respecto a Cantocochino. De nuevo hemos clavado el descenso, pues a eso de las seis llegamos a Cantocochino, casi al amparo de las postreras luces del fantástico dia


viernes, 13 de noviembre de 2015

Ascension al Peñalara




 Marcha realizada el lunes 9 de Noviembre.

Peñalara al fondo
Lunes festivo en Madrid, dia radiante de primatoño, a las 8.30 comienzo en Cotos. El parking casi vacío, una mañana por delante en el territorio de las montañas, lejos de la gran ciudad. Me enfrento a la montaña más alta de nuestra Sierra, sin embargo a pesar de su nombre, su ascensión es sencilla, casi un paseo. Siempre claro, contando la benevolencia del tiempo, porque las inclemencias pueden cambiar la faz de la montaña, ocultar su cara amable y trucarla por otra que nos puede comprometer seriamente.

Camino por la pista forestal que comienza a remontar la ladera de las Dos Hermanas, al principio entre el pinar para salir luego a terreno despejado. Se sube fácil a través de sucesivas lazadas, con algunos tramos más empinados que otros. Junto al camino se va recuperando esas laderas desbrozadas en su dia por la pista de esquí del Zabala de la que no queda, por fortuna, ningún vestigio.

Segovia
Alcanzo la desviación que llevaría al refugio Zabala y sigo subiendo remontando los metros finales que me sitúan ya en la cuerda superior, junto a un collado bastante amplio donde ya se obtiene una interesante vista, tanto del Peñalara, tal vez en su cara menos alpina, y de la llanura segoviana, por supuesto también del Puerto de Cotos ya muy abajo, y que se va llenando de coches, como del cordal de Cuerda Larga justo al frente.

El amplio camino deja los dos pequeños agrupamientos de rocas que dibujan las humildes cumbres de las Dos Hermanas, baja hasta un casi inapreciable collado y ya remonta la última cuesta que lleva a la cumbre. Una meseta como un amplio balcón en los más alto de la Sierra con impresionantes vistas, abajo nuestra, unos canales rocosos se desploman hasta la hombrera donde se asienta las lagunas glaciares, espejos de agua en que se refleja el sol que brilla ese dia. 

Claveles

Laguna del Peñalara
Me acerco un poco hacia la escotadura donde se conceta, a traves de una estrecha arista con la formidable peña de Claveles, ecos de alta montaña como si se nos quisiera recordar eso, que el Guadarrama también tiene esos rincones que resistirían la comparación con otros paisajes del Alto Pirineo o de los Picos de Europa.

Valsain
Trasteo un poco por la zona haciendo alguna foto, mientras la cima comienza a llenarse de gente, la romeria del Peñalara, pero bueno tienen también su derecho de disfrutar de ese dia y tomar el sol y el aire de la cumbre serrana. Inicio la bajada porque tengo que llegar a Madrid a la hora de comer. En vez de bajar por el camino me acerco a los cantiles donde, por momentos el paisaje es grandioso. En un momento puedo ver la Laguna del Peñalara en que la cual brilla, como si fuera un diamante de luz engastado en el un azul profundo, el sol. Me acerco a las dos cumbres por apartarme un poco del camino y prosigo la bajada.

Se desciende fácil, y por fin, de nuevo en el puerto, me recreo en el bar de la venta Marcelino con una cervecita y un pincho de tortilla. Se que tengo ptisa en regresar pero las tradiciones montañeras son las tradiciones y hay que respetarlas. El Puerto de Cotos está a tope y casi me cuesta un poco sacar el coche. He pasado una grata mañana en el viejo Peñalara con la promesa de volver como quien gusta de saludar a un viejo amigo de tantas correrias

pantano de Lozoya desde Peñalara

jueves, 12 de noviembre de 2015

Caminando por la Pedriza


El domingo 8 de noviembre nos regaló un preciso dia que, a pesar de las fechas, más bien parecía casi primaveral, aunque el paisaje aparecía pintado de los tonos otoñales en los pocos ejemplares de arboles caducifolios que medraban al amparo de los canales y en medio de la floresta verde de los pinos. Sobre ellos las enriscadas y elegantes formas de los granitos que semejaban figuras fantásticas, y en donde se apreciaba la labor callada y constante del agua y del hielo cercenando esas moles duras que están destinadas a ser un dia polvo llevado por el viento. Bueno, aunque eso no lo veremos.

Desde Cantocohino ,que estaba ya casi lleno a eso de las 9, cruzando por el puente que salvaba el Manzanares que portaba una cauce bien tumultuoso, seguimos por la autopista, por el cómodo sendero que acompaña el rio, En medio de un tupido pinar en el que apenas hay sitio para otro tipo de vegetación que no sea los ejemplares jóvenes de pináceas alcanzamos la zona de Cuatro Caminos. Seguimos por el PR hasta alcanzar una zona algo complicada de rocas desde donde decidimos volver.


De nuevo en los cuatro caminos giramos a nuestra derecha (en el sentido de bajada) para caminar por la senda que sin abandonar la zona de pinar, permite encaramarnos a algún balcón entre los grandes bloques de granito que ofrecen una estupenda visión del estrecho valle bien flanqueado por la sucesión de aristas, riscos, canales, cortados que forman ese paisaje auténticamente espectacular de la Pedriza.

Alcanzamos el collado del Cabrón que seguimos un poco más adelante para llegar al Cancho de los Muertos, un soberbio canchal, de ahí precisamente su nombre que es tributario de una truculenta historia de bandidos, doncellas en peligro, y tragedia final para los malhechores.


Comimos sobre una amplia lancha de granito, la luz del breve dia de noviembre parecía pronto a concluir y comenzamos a bajar por un sendero que al rato tiene dos bifurcaciones, escogimos la más complicada que nos llevó a una zona de escalones en la que hubo de prestar especial atención. Por fin en la zona de Cantocochino no nos demoramos demasiado en coger el coche ya que a las siete cierran la carretera de acceso a la zona.

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martes, 10 de noviembre de 2015

Ecos de la Trashumancia. Puerto de la Acebesa

Fecha de la marcha 31 Octubre
Puerto de la Acebeda
En esta ocasión fuimos hasta la pequeña localidad de la Acebeda. El dia se presentaba auténticamente otoñal, una persistente niebla, que reducía la visibilidad a unos pocos centenares de metros, apenas nos dejó disfrutar del paisaje.

Una pista forestal que arranca del pueblo junto a la zona de los lavaderos sube con una pendiente bastante llevadera, nosotros sin embargo subimos por un caminillo que parece a veces perderse que la enlaza un poco mas arriba. Subimos luego por la pista hasta alcanzar el amplio puerto en la cuerda de los Carpetanos. Arriba el frio era intenso, y la niebla, y apenas podíamos apreciar todo el pasiaje que desde allí se ofrece.

Ese antiguo puerto era paso de la inmensa cabaña lanar que en tiempos cruzaba la Sierra en su migración anual, ecos de la Trashumancia, pisadas de otras épocas apenas ya perceptibles hoy en dia, en sus las diseminadas huellas del paisaje.


Seguimos transitando por la cuerda. Era momento de caminar juntos como manda el sentido común y el buen hacer montañero, sin embargo nos dividimos en dos grupos y los de adelante no advirtieron la desviación para alcanzar los Colgadizos, una modesta cumbre casi imperceptible en la loma cimera y que iba a ser nuestro punto de bajada.

La Acebeda
Al final se decidió volver al Puerto y bajar por otra pista que viene a confluir en el mismo pero que se dilata más en la bajada flanqueando una larga loma en la que se alternan las praderas de piornal y los pequeños bosquetes de pinos. Enlazamos al final por un antiguo camino que corresponde a la cañada real leonesa que supongo sería el viejo camino para subir al puerto y que baja directamente a la localidad a la que llegamos cuando el solecillo se dejaba ver al final.

viernes, 21 de agosto de 2015

LA PINAREJA


Un paréntesis en el relato de las marchas por el Valle de Aran y los Alpes para hacer una referencia, si quiera concisa, a una marcha que realizamos el sábado pasado, casi recién aterrizados de Suiza. A pesar de todos los caminos recorridos nos atrevimos con un bonito recorrido de unos 23 kilómetros que nos deparó la satisfacción, además, de transitar por senderos desconocidos, lo que siempre se agradece por lo que significa que tenemos Sierra aún por descubir.

Comenzamos en el Puerto de Navacerrada  (1858 m.)y transitamos por un Camino Smith bastante vacío hasta alcanzar el Puerto de la Fuenfría (1792 m.), subimos por la incómoda lareda de Cerro Minguete y sin alcanzar la cumbre alcanzamos el Collado Minguete (1992 m.). Desde allí seguimos por el PR que bordea el Monton de Trigo dejándolo a la derecha para llegar al bonito collado de la Tirobarra  (1984 m.). Donde emprendimos la subida a la Pinareja ( 2197 m). Un mirador espectacular sobre la llanura segoviana y la Sierra de Guadarrama cuya serie de distintas cumbres se despliegan a nuestra vista. El cielo estaba plomizo en algún momento y apenas veíamos excursionistas, tal vez por ser el 15 de agosto donde se culmina el exódo veraniego.


Las novedades comenzaron al regreso, bajamos al collado de la Tirobarra, a la izquierda en sentido de bajada arranca una pequeña loma entre dos barrancos, un poco más abajo existe una pequeña pradera herbosa en donde comimos. En el barranco que está situado entre dicha pradera y el Monton de Trigo discurre un sendero jalonado de hitos que habíamos visto en el mapa del Orux. Según el mapa llegaba a una pradera bastante más abajo (Corrales de las Cabras o Majada el Regajo) y desde allí debería alcanzar la pradera de la Fuenfría, ya en la pista que sube a la Fuenfría.

Así que nos decidimos a aventurarnos por ese sendero esperando que el camino estuviese bien señalizado. La primera parte, por la cabecera del barranco baja muy fuertemente, haciendonos perder altura rapidamente. Ya en la majada hay algunas ruinas de construcciones de pastores, salvo una pequeña confusion al llegar a otra pradera el camino es bastante claro y no admite confusión. Mucho más abajo el camino es bastante más ancho convirtiéndose en un pintoresco camino carretero que profundiza en la espesura del pinar. Por supuesto era la primera vez que bajábamos por allí y estábamos absolutamente solos.

Hicimos un pequeño descubrimiento como fue localizar, cerca del camino un chozo de pastores que aún mantenía su cubierta de enramaje y estaba en buen estado de conservación (con su puerta de madera cerrada). Un interesante descubrimiento. Hay que tener en cuenta que el collado de la Tirobarra consta comunicado con la pequeña aldea que existía en la Pradera de la Fuenfría por lo que en esta zona ha existido, desde hace tiempo algún asentamiento de población.

Alcanzamos por fin la pradera de la Fuenfría, no quedan allí vestigios de la antigua aldea citada en la obra de Rinconete y Cortadillo como lugar de nacimiento de uno de sus personajes. Nos quedaba todavía un largo trecho por camino ya conocido. Alcanzamos la Fuente de la Fuenfría y subimos por la Calzada Romana otra vez al Puerto de la Fuenfría. Regresamos por el camino Smith hasta el Puerto de Navacerrada donde casi vimos atardecer. Fueron mas de ocho horas de excursion transcurridas en un intenso dia.

jueves, 20 de agosto de 2015

Senderos Pirenaicos. Lagos de Besiberri


Lago de Besiberri
La contemplación del valle de Besiberri, cuando por fin nuestro sendero remonta el barranco por donde se despeña el rio, es de las que paralizan. En la subida, por un sendero algo incómodo pero bien trazado que salva la fuerte pendiente, apenas se puede intuir la visión que nos aguarda más arriba, es al coronar la ladera cuando se abre ante nosotros el espectáculo.

Antes de bajar a la orilla del lago, salvando una incómoda pedrera, una pequeña plataforma nos permite detenernos y deleitarnos en la mirada. El estrecho valle parece horadado como un dedo de un gigante en la dura roca del macizo. Al fondo la poderosa masa de los Besiberris (dos tres miles muy cercanos) parece llenarlo todo, el fondo de la cuenca está rellenado por las aguas del lago, un remanso que en medio de tanta naturaleza salvaje aquieta los ánimos.

Lago superior
Un valle en altura, al que subimos desde las cercanías del refugio de Conagles, poco antes de entrar en la boca sur que conduce a la Val de Aran. Rodeando el lago el camino prosigue elevándose lentamente a lo que es el fondo del valle, al pie mismo del impresionante macizo de los Besiberris. Y nuestra marcha depara otra pequeña y grata sorpresa, el lago superior, mucho más pequeño, pero más agreste, rodeado enormes roquedos que parecen querer sepultarlo.

Parada obligada para comer, pero cuando queremos disfrutar del lugar y quedarnos un rato, una mirada atrás nos revela un cielo plomizo y gris, la tormenta barrunta su llegada, y en ese lugar, con tanta roca y tan poco abrigo puede representar un problema. Pensamos tambien en nuestros dos compañeros que estaban en la cima del Besiberri, o cercanos a ella. Nosotros emprendemos rápidamente la bajada.

La tormenta nos alcanza cuando empezamos el descenso por el sendero en el barranco, las piedras se tornan resbaladizas por lo que hay que estrenar las precauciones.  Algún trueno y relámpago cercano nos hiela un tanto el ánimo. Afortunadamente, aunque sigue lloviendo, pasamos el tramo malo, y por mejor camino nos adentramos en el bosque. Cesa la lluvia, y alcanzamos el refugio y la cerveza. La visión del valle perdura en la memoria con ganas de no perderla y subirse allí en la menor ocasión

martes, 18 de agosto de 2015

Senderos Pirenaicos. Ibones de Angliós.

Ibones de Angliós
En una pretérita edad geológica este pequeño valle sería una cubeta glaciar, cuyo desague natural lo forma ahora el estrecho y profundo valle de Salenques. El entorno es muy hermoso y solitario. En las calmas aguas de los ibones se reflejan los paredones que le rodean, donde descienden las pedreras, una de ellas arranca desde el mismo collado de Llauset y es salvada sabiamente por nuestro sendero que buscando el mejor paso entre los bloques de grandes rocas se allega al fondo de la cubeta.

Allí se extienden praderas de color verde salpicadas de bloques erráticos, los ibones extienden su transparente superficie donde se reflejan las siluetas de las altas y entrecortadas paredes que lo circundan. Todo invitaría a una merecida contemplación, pero el cielo se va tornando muy oscuro presagiando la eminencia de la tormenta, que allí arriba y con tanta roca y arboles nos puede colocar en una situación algo complicada.



Entrada al Valle de Salenques
Así que tras un descanso vamos caminando hacia el desague natural de la cubeta. El rio Salenques que desciende rápidamente formando un angosto y profundo valle,, bajamos con celeridad, pero con tiento, el terreno sin ser malo es bastante incómodo y el camino parece no llegar nunca al fondo del valle. Por fin lo alcanza, antes ya tuvimos que detenernos a ponernos la ropa para el agua, y ya junto a la orilla del rio encontramos refugio bajo unos frondosos árboles mientras, ahora si, la lluvia cae fuertemente. Paramos por fin a comer y ya afrontamos la parte más sencilla del camino, por un sendero que recorre el fondo del valle por un hermoso bosque. Trilogías del Pirineo, roca, agua y arbol sabiamente conjugadas en este interesante recorrido.

El Valle, y su rio, desemboca en el embalse de Baserca, junto a la carretera que conduce al Valle de Aran. Allí dejamos un coche a la ida que ahora utilizamos para volver. 

Embalse de Baserca



lunes, 17 de agosto de 2015

Senderos Pirenaicos. Collado de LLauset

I
Collado de LLauset, con la perspectiva de sus dos vertientes
Instantes. Es lo que en esencia recoge el viajero. Esos momentos del viaje de especial densidad que quedan en su retina. Un viaje se puede contar como una crónica o como una complilación de instantes, de momentos que se apartan de la sencilla cotidianeidad y dan sentido a los caminos.

LLauset, al fondo el Besiberri
Esos instantes no tiene que ser especialmente significativos ni intensos, pueden ser de materia común pero que son momentos que han quedado en la retina del viajero que es el notario de su viaje. La llegada a un collado, la visión de una montaña, la tormenta que se aproxima, el estrecho sendero que se acaba de atravesar con dificultad, la interminable pedrera en que nos dimos la vuelta... arquitectura de segundos que no volaron del pensamiento sino que se han remansado en nuestro inconscientes para hacerse revivir en un momento dado.

El viaje agudiza la mente, nos hace mirar con ojos nuevos sencillas cosas que en nuestra casa no pasarían más allá de costumbres cotidiana, y en el territorio "extraño" se convierten en momentos únicos. 

Así que voy a narrar los bonitos dias de senderismo que pasé en el Valle de Aran, con buena compañía y sobretodo con mi hija, recogiendo una pequeña colección de instantes, plasmados con la cámara y trasladados a este lugar común de la palabra.

Ibones de Angliós
 Y la primera mirada se detiene en el collado de LLauset, no demasiado elevado que introduce, sin llamar, en corazón del Pirineo, un entorno absolutamente hermoso donde están conjugados todos los elementos que definen el paisaje pirenaico, montañas altivas y elevadas, riscos, aristas afiladas, pedreras inmensas, praderios alpinos, y las quietas aguas de los lagos, engastados como un zafiro en el corazón petreo de la montaña. Las sendas tortuosas que lentamente trepan y permiten el tránsito de un valle a otro. Aquí se puede decir que todo es belleza, y sobre lo permante del paisaje lo efímero del paso del hombre que discirre por sus senderos con el  caminar rápido por la cercanía de la tormenta que amenaza descargar.

El agudo chillido de una marmota rompe el silencio, después de la corta e intensa subida desde el lac de LLauset, presidido por el imponente Besiberrii, al otro lado, más alla de la pedrera se extiende una pequeña meseta herbosa donde se localizan los ibones de Anglios, Ibones si, porque esta zona pertenece a Huesca, aunque ya es fronteriza con Cataluña. Pero que importa allí arriba donde está la divisoria, que siempre además es un propósito humano que tiene, a veces poco que ver con los que nos desvela la geografía.Es hermosa la visión desde ese collado, más al fondo las elevadas cumbres que sirven de demarcación al territorio del valle de Arán.  

Subida al Collado desde Angliós

  

jueves, 13 de agosto de 2015

CONSTRUYENDO EL RELATO

Collado de Llauset e ibones de angliós
 Terminan una parte de las vacaciones y comienza la construcción del relato. Al menos su concreción en el papel, puesto que el mismo relato, la verbalización del pensamiento es automática. El viaje nos lo vamos contando y lo vamos contando desde el mismo momento en que lo hacemos. Y aún mucho antes. Cuando lo proyectamos en nuestro interior.

El viaje deviene en narración donde un sujeto, el autor, relata su visión. Lo que ha contemplado o creido contemplar, las rápidas impresiones que los minutos del viaje dejaron en su retina. No es sólo, o no debería ser, una notificación de lo que ha visto, hecho, realizado, a veces solamente contamos lo superficial, no profundizamos más allá de lo evidente. Pero lo más importante es que el relato nos exprese una emoción, un sentimiento, la experiencia única que se ha producido entre el observador y lo observado.

Ibon de LLauset. El Ballibierna al fondo
En ese momento lo objetivable (lo que está fuera) es sólo un principio, un fundamento, para que el hacedor de palabras, el relator, hilvane su discurso. Su mayor o menor maestría harán que esos momentos pasados, "hablen" palabras en su boca. Lo vivido será un trampolín para que sus palabras ahonden en ese vendaval de sentimientos que el viaje produce.

El relato necesita tiempo, no se trata de llegar, sentarse y contar todo lo que ha pasado. Que la mayor de las veces sólo interesaría al propio viajero. Esas impresiones necesitan ganar intensidad en el silencio atento, primero, para luego conformarse en una voz alambicada en palabras.

Es en el relato cuando los pequeños detalles cobran otra dimensión. A menudos ansiosos, en el viaje, no prestamos atención a esos fecundos instantes llenos de sentido. Bastan entonces profundizar en un recuerdo o, simplemente mirar una fotografía, para que se produzca ese pequeño milagro que es la palabra. Y el relato comienze a autoreferirse y a expresarse sin ataduras.