Walking on the wild side

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viernes, 21 de agosto de 2015

LA PINAREJA


Un paréntesis en el relato de las marchas por el Valle de Aran y los Alpes para hacer una referencia, si quiera concisa, a una marcha que realizamos el sábado pasado, casi recién aterrizados de Suiza. A pesar de todos los caminos recorridos nos atrevimos con un bonito recorrido de unos 23 kilómetros que nos deparó la satisfacción, además, de transitar por senderos desconocidos, lo que siempre se agradece por lo que significa que tenemos Sierra aún por descubir.

Comenzamos en el Puerto de Navacerrada  (1858 m.)y transitamos por un Camino Smith bastante vacío hasta alcanzar el Puerto de la Fuenfría (1792 m.), subimos por la incómoda lareda de Cerro Minguete y sin alcanzar la cumbre alcanzamos el Collado Minguete (1992 m.). Desde allí seguimos por el PR que bordea el Monton de Trigo dejándolo a la derecha para llegar al bonito collado de la Tirobarra  (1984 m.). Donde emprendimos la subida a la Pinareja ( 2197 m). Un mirador espectacular sobre la llanura segoviana y la Sierra de Guadarrama cuya serie de distintas cumbres se despliegan a nuestra vista. El cielo estaba plomizo en algún momento y apenas veíamos excursionistas, tal vez por ser el 15 de agosto donde se culmina el exódo veraniego.


Las novedades comenzaron al regreso, bajamos al collado de la Tirobarra, a la izquierda en sentido de bajada arranca una pequeña loma entre dos barrancos, un poco más abajo existe una pequeña pradera herbosa en donde comimos. En el barranco que está situado entre dicha pradera y el Monton de Trigo discurre un sendero jalonado de hitos que habíamos visto en el mapa del Orux. Según el mapa llegaba a una pradera bastante más abajo (Corrales de las Cabras o Majada el Regajo) y desde allí debería alcanzar la pradera de la Fuenfría, ya en la pista que sube a la Fuenfría.

Así que nos decidimos a aventurarnos por ese sendero esperando que el camino estuviese bien señalizado. La primera parte, por la cabecera del barranco baja muy fuertemente, haciendonos perder altura rapidamente. Ya en la majada hay algunas ruinas de construcciones de pastores, salvo una pequeña confusion al llegar a otra pradera el camino es bastante claro y no admite confusión. Mucho más abajo el camino es bastante más ancho convirtiéndose en un pintoresco camino carretero que profundiza en la espesura del pinar. Por supuesto era la primera vez que bajábamos por allí y estábamos absolutamente solos.

Hicimos un pequeño descubrimiento como fue localizar, cerca del camino un chozo de pastores que aún mantenía su cubierta de enramaje y estaba en buen estado de conservación (con su puerta de madera cerrada). Un interesante descubrimiento. Hay que tener en cuenta que el collado de la Tirobarra consta comunicado con la pequeña aldea que existía en la Pradera de la Fuenfría por lo que en esta zona ha existido, desde hace tiempo algún asentamiento de población.

Alcanzamos por fin la pradera de la Fuenfría, no quedan allí vestigios de la antigua aldea citada en la obra de Rinconete y Cortadillo como lugar de nacimiento de uno de sus personajes. Nos quedaba todavía un largo trecho por camino ya conocido. Alcanzamos la Fuente de la Fuenfría y subimos por la Calzada Romana otra vez al Puerto de la Fuenfría. Regresamos por el camino Smith hasta el Puerto de Navacerrada donde casi vimos atardecer. Fueron mas de ocho horas de excursion transcurridas en un intenso dia.

jueves, 20 de agosto de 2015

Senderos Pirenaicos. Lagos de Besiberri


Lago de Besiberri
La contemplación del valle de Besiberri, cuando por fin nuestro sendero remonta el barranco por donde se despeña el rio, es de las que paralizan. En la subida, por un sendero algo incómodo pero bien trazado que salva la fuerte pendiente, apenas se puede intuir la visión que nos aguarda más arriba, es al coronar la ladera cuando se abre ante nosotros el espectáculo.

Antes de bajar a la orilla del lago, salvando una incómoda pedrera, una pequeña plataforma nos permite detenernos y deleitarnos en la mirada. El estrecho valle parece horadado como un dedo de un gigante en la dura roca del macizo. Al fondo la poderosa masa de los Besiberris (dos tres miles muy cercanos) parece llenarlo todo, el fondo de la cuenca está rellenado por las aguas del lago, un remanso que en medio de tanta naturaleza salvaje aquieta los ánimos.

Lago superior
Un valle en altura, al que subimos desde las cercanías del refugio de Conagles, poco antes de entrar en la boca sur que conduce a la Val de Aran. Rodeando el lago el camino prosigue elevándose lentamente a lo que es el fondo del valle, al pie mismo del impresionante macizo de los Besiberris. Y nuestra marcha depara otra pequeña y grata sorpresa, el lago superior, mucho más pequeño, pero más agreste, rodeado enormes roquedos que parecen querer sepultarlo.

Parada obligada para comer, pero cuando queremos disfrutar del lugar y quedarnos un rato, una mirada atrás nos revela un cielo plomizo y gris, la tormenta barrunta su llegada, y en ese lugar, con tanta roca y tan poco abrigo puede representar un problema. Pensamos tambien en nuestros dos compañeros que estaban en la cima del Besiberri, o cercanos a ella. Nosotros emprendemos rápidamente la bajada.

La tormenta nos alcanza cuando empezamos el descenso por el sendero en el barranco, las piedras se tornan resbaladizas por lo que hay que estrenar las precauciones.  Algún trueno y relámpago cercano nos hiela un tanto el ánimo. Afortunadamente, aunque sigue lloviendo, pasamos el tramo malo, y por mejor camino nos adentramos en el bosque. Cesa la lluvia, y alcanzamos el refugio y la cerveza. La visión del valle perdura en la memoria con ganas de no perderla y subirse allí en la menor ocasión

martes, 18 de agosto de 2015

Senderos Pirenaicos. Ibones de Angliós.

Ibones de Angliós
En una pretérita edad geológica este pequeño valle sería una cubeta glaciar, cuyo desague natural lo forma ahora el estrecho y profundo valle de Salenques. El entorno es muy hermoso y solitario. En las calmas aguas de los ibones se reflejan los paredones que le rodean, donde descienden las pedreras, una de ellas arranca desde el mismo collado de Llauset y es salvada sabiamente por nuestro sendero que buscando el mejor paso entre los bloques de grandes rocas se allega al fondo de la cubeta.

Allí se extienden praderas de color verde salpicadas de bloques erráticos, los ibones extienden su transparente superficie donde se reflejan las siluetas de las altas y entrecortadas paredes que lo circundan. Todo invitaría a una merecida contemplación, pero el cielo se va tornando muy oscuro presagiando la eminencia de la tormenta, que allí arriba y con tanta roca y arboles nos puede colocar en una situación algo complicada.



Entrada al Valle de Salenques
Así que tras un descanso vamos caminando hacia el desague natural de la cubeta. El rio Salenques que desciende rápidamente formando un angosto y profundo valle,, bajamos con celeridad, pero con tiento, el terreno sin ser malo es bastante incómodo y el camino parece no llegar nunca al fondo del valle. Por fin lo alcanza, antes ya tuvimos que detenernos a ponernos la ropa para el agua, y ya junto a la orilla del rio encontramos refugio bajo unos frondosos árboles mientras, ahora si, la lluvia cae fuertemente. Paramos por fin a comer y ya afrontamos la parte más sencilla del camino, por un sendero que recorre el fondo del valle por un hermoso bosque. Trilogías del Pirineo, roca, agua y arbol sabiamente conjugadas en este interesante recorrido.

El Valle, y su rio, desemboca en el embalse de Baserca, junto a la carretera que conduce al Valle de Aran. Allí dejamos un coche a la ida que ahora utilizamos para volver. 

Embalse de Baserca



lunes, 17 de agosto de 2015

Senderos Pirenaicos. Collado de LLauset

I
Collado de LLauset, con la perspectiva de sus dos vertientes
Instantes. Es lo que en esencia recoge el viajero. Esos momentos del viaje de especial densidad que quedan en su retina. Un viaje se puede contar como una crónica o como una complilación de instantes, de momentos que se apartan de la sencilla cotidianeidad y dan sentido a los caminos.

LLauset, al fondo el Besiberri
Esos instantes no tiene que ser especialmente significativos ni intensos, pueden ser de materia común pero que son momentos que han quedado en la retina del viajero que es el notario de su viaje. La llegada a un collado, la visión de una montaña, la tormenta que se aproxima, el estrecho sendero que se acaba de atravesar con dificultad, la interminable pedrera en que nos dimos la vuelta... arquitectura de segundos que no volaron del pensamiento sino que se han remansado en nuestro inconscientes para hacerse revivir en un momento dado.

El viaje agudiza la mente, nos hace mirar con ojos nuevos sencillas cosas que en nuestra casa no pasarían más allá de costumbres cotidiana, y en el territorio "extraño" se convierten en momentos únicos. 

Así que voy a narrar los bonitos dias de senderismo que pasé en el Valle de Aran, con buena compañía y sobretodo con mi hija, recogiendo una pequeña colección de instantes, plasmados con la cámara y trasladados a este lugar común de la palabra.

Ibones de Angliós
 Y la primera mirada se detiene en el collado de LLauset, no demasiado elevado que introduce, sin llamar, en corazón del Pirineo, un entorno absolutamente hermoso donde están conjugados todos los elementos que definen el paisaje pirenaico, montañas altivas y elevadas, riscos, aristas afiladas, pedreras inmensas, praderios alpinos, y las quietas aguas de los lagos, engastados como un zafiro en el corazón petreo de la montaña. Las sendas tortuosas que lentamente trepan y permiten el tránsito de un valle a otro. Aquí se puede decir que todo es belleza, y sobre lo permante del paisaje lo efímero del paso del hombre que discirre por sus senderos con el  caminar rápido por la cercanía de la tormenta que amenaza descargar.

El agudo chillido de una marmota rompe el silencio, después de la corta e intensa subida desde el lac de LLauset, presidido por el imponente Besiberrii, al otro lado, más alla de la pedrera se extiende una pequeña meseta herbosa donde se localizan los ibones de Anglios, Ibones si, porque esta zona pertenece a Huesca, aunque ya es fronteriza con Cataluña. Pero que importa allí arriba donde está la divisoria, que siempre además es un propósito humano que tiene, a veces poco que ver con los que nos desvela la geografía.Es hermosa la visión desde ese collado, más al fondo las elevadas cumbres que sirven de demarcación al territorio del valle de Arán.  

Subida al Collado desde Angliós

  

jueves, 13 de agosto de 2015

CONSTRUYENDO EL RELATO

Collado de Llauset e ibones de angliós
 Terminan una parte de las vacaciones y comienza la construcción del relato. Al menos su concreción en el papel, puesto que el mismo relato, la verbalización del pensamiento es automática. El viaje nos lo vamos contando y lo vamos contando desde el mismo momento en que lo hacemos. Y aún mucho antes. Cuando lo proyectamos en nuestro interior.

El viaje deviene en narración donde un sujeto, el autor, relata su visión. Lo que ha contemplado o creido contemplar, las rápidas impresiones que los minutos del viaje dejaron en su retina. No es sólo, o no debería ser, una notificación de lo que ha visto, hecho, realizado, a veces solamente contamos lo superficial, no profundizamos más allá de lo evidente. Pero lo más importante es que el relato nos exprese una emoción, un sentimiento, la experiencia única que se ha producido entre el observador y lo observado.

Ibon de LLauset. El Ballibierna al fondo
En ese momento lo objetivable (lo que está fuera) es sólo un principio, un fundamento, para que el hacedor de palabras, el relator, hilvane su discurso. Su mayor o menor maestría harán que esos momentos pasados, "hablen" palabras en su boca. Lo vivido será un trampolín para que sus palabras ahonden en ese vendaval de sentimientos que el viaje produce.

El relato necesita tiempo, no se trata de llegar, sentarse y contar todo lo que ha pasado. Que la mayor de las veces sólo interesaría al propio viajero. Esas impresiones necesitan ganar intensidad en el silencio atento, primero, para luego conformarse en una voz alambicada en palabras.

Es en el relato cuando los pequeños detalles cobran otra dimensión. A menudos ansiosos, en el viaje, no prestamos atención a esos fecundos instantes llenos de sentido. Bastan entonces profundizar en un recuerdo o, simplemente mirar una fotografía, para que se produzca ese pequeño milagro que es la palabra. Y el relato comienze a autoreferirse y a expresarse sin ataduras.