Walking on the wild side

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jueves, 19 de noviembre de 2015

Balcones de la Pedriza. Collado de la Dehesilla y la Ventana

La Pedriza desde el Collado de la Ventana
Balcones en la Pedriza hay muchos, donde observar ese paisaje imposible de los bloques de granito, de aristas redondeadas por la acción del agua y del hielo, que han esculpido caprichosos volúmenes donde la imaginación inquieta puede nombrar distintas formas y seres casi fantasticos. Entre los grandes bloques, fruto de esa misma erosion, se forman un conjunto de pasadizos, de oquedades, donde el senderista trepariscos pone a prueba sus habilidades.

Otro precioso dia de noviembre nos dio la bienvenida, el cielo azul y la temperatura suave y liviana invitaban a iniciar la marcha sin casi dilación. Subimos por la Autopista de la Pedriza hasta la zona del LLano de la Peluca, ya en medio de un espeso arbolado. Cruzamos el rio, unos senderistas que habían acampado en las inmediaciones estaban recogiendo sus pertenencias en ese momento. 

Alcanzamos la Fuente Acuña y sin llegar a subir al refugio comenzamos a seguir por el senderillo que sin pérdida alguna rodea la enorme roca del Tolmo y comienza una suave ascensión hacia el Collado de la Dehesilla (1431m). Engarce entre las dos Pedrizas y uno de los rincones emblemáticos, animado  por la presencia de grupos de montañeros y corredores.

La idea era explorar el PR que por la linea cimera une el Collado de la Dehesilla con el Collado de la Ventana  (1784m). Normalmente se suele hacer al reves, ya que tiene un perfil descedente y tal vez más cómodo. Sin embargo nosotros la hicimos en sentido contrario, aunque suponga superar un desnivel que sin ser demasiado agobiante, al tratarse de un recorrido entre grandes rocas si tiene su trabajo y requiere cierta concentración en el recorrido.

Bola de Navajuelos
Aparte de alguna pequeña trepadilla, tuvimos que agacharnos y casi tumbarnos para salvar unas grandes rocas por algunos agujeros. Cuando terreno lo permitia nos asomábamos sobre grandes bloques de granito para contemplar ese paisaje abigarrado y espectacular, en el que a veces y contra todo pronóstico resulta difícil pensar que hay un camino. Más bien un desafiante sendero al que agarrarse como una lapa para progresar. Y por supuesto, no perderlo.

La subida hasta la brecha de Mataelvicial (1633m) es algo intrincada, pero se supera bien gracias al PR muy bien balizado con abundantes señales. Alcanzamos la amplia pradera de Navajuelos, un poco antes dos grandes bloques parece impedirnos el paso y es necesario casi arrastrarse por un estrecho hueco en la base de la roca, en la denominada espalda de la Bola de Navajuelos. 

Comenzamos una subida y encontramos la mayor dificultad del dia. Una gran roca en mitad de una zona de trepada, justo antes de que el camino entre por un amplio tunel. Aquí nos quitamos la mochila y buscamos la mejor forma de trepar, pero casi no hay agarres y paree misión imposible. Estábamos empezando a mirar seriamente la posibilidad de darnos la vuelta, cuando un montañero, que hacía la ruta en sentido contrario, nos ofreció una mano salvadora para superar el escalón.

Pared de Santillana
Ya sin mayores agobios el PR se presenta ante la mítica pared de Santillana donde unos escaladores estaban subiendo una via.  El camino alcanza la base, la rodea dejándolo a la izquierda y sube ya por unos grandes bloques sin dificultad hasta el Cancho de la Herrada. La senda se dulcifica pìerde parte de su carácter salvaje, lo que da tiempo a contemplar el paisaje grandioso que rodea el collado de la Ventana. 

Comemos, nos acercamos a contemplar la parte alta del Canal de las Abejas, el paisaje es impresionante, muy abajo y muy lejos tintinean las luces de los coches estacionados en Cantocochino. Son las tres de la tarde y tenemos que regresar pues estamos en noviembre y las horas de sol están mas que contadas. Cogemos el sendero que baja directamente buscando el arroyo de los Poyos y de nuevo la autopista, perdiendo los casi 400 metros de desnivel con respecto a Cantocochino. De nuevo hemos clavado el descenso, pues a eso de las seis llegamos a Cantocochino, casi al amparo de las postreras luces del fantástico dia


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