| Lago de Besiberri |
La contemplación del valle de Besiberri, cuando por fin nuestro sendero remonta el barranco por donde se despeña el rio, es de las que paralizan. En la subida, por un sendero algo incómodo pero bien trazado que salva la fuerte pendiente, apenas se puede intuir la visión que nos aguarda más arriba, es al coronar la ladera cuando se abre ante nosotros el espectáculo.
Antes de bajar a la orilla del lago, salvando una incómoda pedrera, una pequeña plataforma nos permite detenernos y deleitarnos en la mirada. El estrecho valle parece horadado como un dedo de un gigante en la dura roca del macizo. Al fondo la poderosa masa de los Besiberris (dos tres miles muy cercanos) parece llenarlo todo, el fondo de la cuenca está rellenado por las aguas del lago, un remanso que en medio de tanta naturaleza salvaje aquieta los ánimos.
| Lago superior |
Un valle en altura, al que subimos desde las cercanías del refugio de Conagles, poco antes de entrar en la boca sur que conduce a la Val de Aran. Rodeando el lago el camino prosigue elevándose lentamente a lo que es el fondo del valle, al pie mismo del impresionante macizo de los Besiberris. Y nuestra marcha depara otra pequeña y grata sorpresa, el lago superior, mucho más pequeño, pero más agreste, rodeado enormes roquedos que parecen querer sepultarlo.
Parada obligada para comer, pero cuando queremos disfrutar del lugar y quedarnos un rato, una mirada atrás nos revela un cielo plomizo y gris, la tormenta barrunta su llegada, y en ese lugar, con tanta roca y tan poco abrigo puede representar un problema. Pensamos tambien en nuestros dos compañeros que estaban en la cima del Besiberri, o cercanos a ella. Nosotros emprendemos rápidamente la bajada.
La tormenta nos alcanza cuando empezamos el descenso por el sendero en el barranco, las piedras se tornan resbaladizas por lo que hay que estrenar las precauciones. Algún trueno y relámpago cercano nos hiela un tanto el ánimo. Afortunadamente, aunque sigue lloviendo, pasamos el tramo malo, y por mejor camino nos adentramos en el bosque. Cesa la lluvia, y alcanzamos el refugio y la cerveza. La visión del valle perdura en la memoria con ganas de no perderla y subirse allí en la menor ocasión
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