Walking on the wild side

Walking on the wild side

viernes, 24 de abril de 2015

DE LIBROS Y CIMAS

Ayer, dia del libro, hubo un interesante encuentro en la libreria Desnivel en el que Sebastián Alvaro y Ramón Portilla hablaron de libros y de montañas, de algún modo de esas montañas presentidas através de libros que hablan sobre ellas. Pues más que una actividad física, un deporte, y en eso coincidieron, la montaña es un nudo de emociones, un sentimiento que es patrimonio compartido, donde lo dicho se conjuga con lo observado para dar una visión personal, una forma de ver las cosas desde arriba.

Hay tres momentos del viaje, también aplicable a las expediciones, y más humildemente, a las excursiones, el viaje soñado que se alambica mediante las diversas lecturas, que configura el deseo de querer estar allí. El viaje realizado, el que hacemos presente en un momento dado, el que caminamos y también sufrimos, y el viaje relatado, donde las emociones vuelven a remansarse en palabras, donde plasmamos algo de lo visto y presentido.

Hablaron un poco de esos libros que han ido perfilando, a lo largo de los años, su visión de las montañas, que han alimentado ese gen, desigualmente repartido entre la población, de querer meterse en lios, de exponerse, de buscar donde están los límites y querer mirar donde otros no han mirado. Pero el alpinismo clásico que en buena parte parecen añorar, no tiene nada que ver con ese afán competitivo, de querer transformar la montaña en un gigantesco polideportivo donde se trata de conseguir lo más dificil todavia, y luego publicarlo en las redes sociales.

Un buen libro de viajes, y de montañas, debe invitar a ponerse uno en camino, a buscar su propia aventura personal, las montañas son más que un mero accidente, es un espacio vivido, un muestrario de huellas...de las personas que un dia las habitaron, las subieron, las sintieron y a veces, también, dramáticamente murieron en ellas.

No es fácil la vida en la intemperie, pero el reto despierta nuestra vena indómita, hace añorar vivir en la frontera, conocer donde están los límites y tratar de llevarlos un poco más allá. Por eso les gusta hablar de un alpinismo que no trata de facilitar los límites sirviéndose de medios técnicos sino que acepta que realmente hay fronteras, obstáculos, difíciles de superar que requieren un esfuerzo de imaginación para buscar vias de superación.

Y hablaron de una idea bastante interesante: que tenemos derecho a vivir en el "mundo" que queremos vivir, más allá de lo que impongan las modas, los que "dicten" los medios de comunicación, los que nos "señalen" como la dirección indicada... cada uno debe seguir sus intuiciones profundas, su forma de enfrentarse a las cosas, de sentirlas, que ha ido modelando a lo largo de su vida y tambien de sus lecturas. 

En fin fue un buen rato evocando libros, aquellos cuyos ecos nos insinúan la forma con la que acercarnos a la montaña, de verla, de entablar un diálogo fecundo con ella. No como un reto a superar, aunque también tenga esta dimensión, sino como una forma de autoconocimiento, de saber escuchar esas voces que surgen del silencio de pararse a escuchar la vida desde la cima. Caminamos a hombros de gigantes, fueron ellos los que abrieron el camino.






lunes, 20 de abril de 2015

Sierra de la Demanda. Cascadas de Altuzarra y Pico de San Millan

Arroyo de Altuzarra
El Sistema Ibérico no forma una línea o cordal principal de cumbres, sino un conglomerado de distintas sierras y macizos que arrancando desde Cantabria viene a morir, prácticamente, al norte de la provincia  de Castellon. Este pasado fin de semana estuve caminando por una de sus sierras, la de la Demanda. En el límite de la provincia de Burgos en su confluencia con Las Rioja. Un precioso rincón, con una naturaleza bien conservada y rincones auténticamente espectaculares como el que forman el estrecho valle del rio Urbion.

Los tiempos de la naturaleza son distintos a los que impone la cronología, condicionados por la altitid y la orografía, es posible estar a finales del invierno en unas zonas, mientras en otras florecen ya la primavera. Eso pasa en la Sierra de la Demanda, donde los tupidos, y resbaladizos, hayedos que visitamos aún tenían las ramas llenas de yemas a las que quedan aun un par de semanas por eclosionar, y que desde lejos daba a la montaña una preciosa tonalidad rojizo-parda. 

Cascadas de Altuzarra
La marcha del sábado, desde la pequeña localidad de Santa Cruz del Valle Urbión, resultó espectacular y dura. Remontamos el valle por un cómodo camino, que en seguida se transformó en una senda, ya en pleno hayedo que subia junto al curso del arroyo de Abanza, cruzando el rio, la senda sube muy fuertemente para superar el cordal que separa este vallejo del de Altuzarra. Alcanzamos la llamada Majada de Gárrula, ya a una buena altitud que nos permitió una bonita panorámica, del valle amplio del Urbion que quedaba bastante abajo, y al fondo las tierras alavesas, y por el otro lado la preciosa cara norte del San Millan, aún con bastantes manchas de nieves, y el cordal principal donde existen otros dosmiles.

Ascension al San Millan
Alcanzamos la parte alta de la cascada, ya bajando al encuentro del arroyo Altuzarra, en realidad son tres saltos de agua, con tres escalones, el sendero inicia un vertiginoso descenso por un terreno bastante resbaladizo por la humedad del suelo, hay que vadear el arroyo ademas en varias ocasiones, Sin embargo a pesar del esfuerzo y la tensión de la bajada es un lugar recóndito, precioso, como de otro tiempo, en el corazón más secreto de un viejo hayedo y viendo los sucesivos saltos por donde corretean las aguas del arroyo, que tuvimos que vadear en varias ocasiones.  

Superada la parte más compleja, de un tirón, salimos a una pequeña explanada, aún a buena altura donde por fin comimos, a las 4.30 de la tarde, terminamos de desandar lo que faltaba para tomar, con cierto alivio ya una pista que nos devolvió cómodamente al pueblo de donde partimos.

El domingo partimos del Puerto del Manquillo (1500 metros) para subir al San Millan, el techo de la provincia de Burgos y un privilegiado mirador. Sin embargo, pareccía que el invierno no quería dejar de despedirse de esta zona, así que ascendimos entre nubes que nos taparon la vista sobretodo ya a partir de la cota de 1800 metros.  Alcanzamos el San Millan como si hubiéramos retrocedido un par de meses en el calendario. En un ambiente bastante frio pero contentos por haber conseguido el objetivo. La subida, sin ser nada complicada, hay que tomársela con calma, por los sucesivos tramos de duras cuestas que van minando las fuerzas.

Poveda de la Sierra
Por fortuna, comenzando la bajada los cielos parecieron abrirse y nos permitieron observar algunos de los tesoros que el San Millan ofrece desde su cima. Un paisaje extraordinario y ameno, en la que la presencia de la nieve aún numerosa nos enseñaba que el invierno no estaba muerto del todo. La larga bajada de 900 metros hasta la bonita localidad de Poveda de la Sierra es relativamente cómoda, suavizándose el tiempo a medida que perdíamos altura. Las empinadas laderas de las montañas circundantes, tapizadas de hayedos y pinares, tamizaban el paisaje ofreciéndose una visión muy atractiva. Por fin desde un otero vimos la silueta del pueblo ya cercano que alcanzamos a la hora de comer, momento justo de acompañar nuestra comida con una cerveza, muy bien ganada despues del trabajado dia.

EXCURSIONES REALIZADAS.

Sábado 18 abril
CASCADAS DEL VALLE DE URBION
14 KM a. 600 d. 600



Domingo 19 abril
PICO SAN MILLAN
17 km a. 750 d. 950


jueves, 16 de abril de 2015

MUSTANG Y MANASLU

Mustang. Monasterio budista
Volvi ayer jueves a la libreria Desnivel a otra conferencia. Esta vez la presentación de dos treks, uno a la región de Mustang y otro al Manaslu. Coinciden en que son zonas menos transitadas que los clásicos treks al Annapurna y Everest, que la expedición se basa en campamentos, a la antigua usanza, ya que no hay lodges, o al menos muy pocos en la zona de Manaslu. 

El reino perdido de Mustang entra de lleno en esa especie de geografía de los ensueños, de lugares recónditos y medio perdidos, absolutamente remotos que se sueña de pequeño. Cuando esos nombres de hontanares innacesibles hace volar los estertores de la imaginación y nos hacen suponer unos escenarios colocados más allá de lo que nuestra imaginación pretende ver.

Mustang
Mustang fue realmente un reino perdido, hasta los años 70 del pasado siglo estuvo vedado a los occidentales, y fue en esas fechas cuando el primer occidental pudo atravesar sus fronteras y dar forma y contorno a su paisaje. Situado en la cara norte del Himalaya, la influencia tibetana es muy notable, es una submeseta muy árida, salpicada de tonos verdes en agosto y septiembre, cuando los coletazos de los monzones, que ya llegan muy menguados, traen un poco de agua a la zona.

Se trata, a tenor de las explicaciones y las fotos, de un viaje al pasado, a una región dura y salvaje, increiblemente hermosa en sus paisajes rotos, quebrados, de una aridez extrema en su mayoria, de pueblos anclados en la edad media, de pueblos monasterios o de monasterios pueblos,, del palacio de un viejo rey como recuerdo vivo de aquel reino perdido que un dia estaba detrás de las fronteras.Y al fondo las montañas, que en este trek se ven distantes pues no se alcanza demasiada altura evitándose, de otro modo, los problemas de aclimatación.

Manaslu
El otro trek, más alpino, que se presentó fue el que rodea el macizo de Manaslu, uno de los 8000 miles. Presenta una sucesión de paisajes, de los valles profundos, y las selvas, hasta la alta montaña. siendo el punto más elevado un collado de unos 5000 metros que permite circunvalar el macizo realizando un circuito casi circular. Más montañoso que el anterior, lss imágenes ofrecidas eran también sorprendentes. Se realiza através de sucesivos campamentos que hay que montar y desmontar cada dia. Labor anegada de los porteadores, no siempre bien reconocida.

Valle de Manaslu
Tanto uno como otro merecerían un viaje, y siempre salgo de la libreria con ganas de preparar la mochila y perderme por esas regiones que reclaman ser conocidas desde las evocaciones de la memoria. El trek de Mustang se realiza en agosto, la única época en que el frio extremo de la zona permite un respiro, y el de Manaslu en septiembre y octubre. El precio final de los dos está alrededor de los tres mil euros. Y unos veinte dias de viaje

lunes, 13 de abril de 2015

Cerro Ortigoso


Camino de subida desde el Puente del Reten
Un precioso domingo, con tiempo inestable típico de primavera. Estupenda compañía que hace más liviano el camino.. Una vieja vereda que enfila, requiebra, se pierde y se recupera, y que sube sin contemplaciones, un cerro que yace casi olvidado al que casi nadie sube, y unos paisajes que asombran como si fueran recién descubiertos, y casi es así, porque a cada nuevo rincón la Pedriza se desvela novedosa, como si se descorriese el velo de un bello rostro mostrando una faceta nueva, una fragancia de contrastes pétreos que se cuela por la retina.

Son los pequeños descubrimientos que aguardan al oteador de las viejas veredas, esos inciertos caminos que trepan entre los riscos, veredas sin nombre, humildes, que alguien pisó, y que jalonó de hitos, pensando tal vez en otro montañero que algún dia surcara el sendero. Veredas que llevan a una cima que nos aguarda allí arriba, desde lo alto, pero la cima es un momento, una ilusión, una circunstancia. Lo que queda es el camino. O tal vez ni el, queda el recuerdo, pues ni siquiera el caminante que encamina sus dubitativos pasos permanece.

Es hermoso ese minoritario placer de remontar viejas veredas, ¿a donde nos llevará el camino?, tal vez sea esa la pregunta crucial, y puede que cada cima sea solo un momento de esa diálogo interminable que el caminante mantiene con su camino.

Subiendo Cerro Ortigoso, al fondo las Milaneras
El discreto Cerro Ortigoso que parece no existir, o que está allí como un "accidente" observando nuestro paso mientras nos dirigimos a otro sitio, tiene todos los ingredientes para ofrecernos un buen dia, una jornada de veredas y cimas, visto de tan de cerca, muy próximos al último apilamiento de rocas que parece ser casi inexpugnables, su perspectiva cambia, adquiere personalidad propia, su reciadumbre, y la visión de toda la Pedriza, desde allí arriba, es soberbia. Sin paleativos. Y para alcanzarla una vieja vereda, que sube sin adornarse, ténue, jalonada de algún hito, que alcanzando el puente del retén, se adentra en el pinar que se precipita con fuerte pendiente en el Manzanares. 

El sendero va medrando entre el borde del pinar y una zona desnuda de vegetación poblada de grandes lanchares de granito y rocas. El rio va quedando muy abajo y también el sendero que dibujado en la orilla de enfrente es el pr que sube al puente de los Manchegos. La trepada a la propia cima se antoja algo complicada, así que la obviamos, la dejamos a nuestra izquierda para sobrepasarla, de frente se alzaba a lo lejos otro roquedo, el Cerro de las Barreras también con una pinta casi inexpugnable. Aunque en los mapas el sendero parece cortarse desde allí, es posible seguir caminando y enlazar con una de las curvas que hace la pista forestal que sube al Collado. Sin embargo esa opción la dejamos para otro dia.

Amplia pespectiva de la Pedriza. Manzanares al fondo
Nosotros volvimos por donde nuestros pasos, buscando otro ramal de sendero que nos permitiera descender a un collado que se divisaba más abajo, y que ya conocíamos, alcanzamos sin grandes problemas el camino de bajada, tambien jalonado con hitos que, siempre próximo a una vieja valla de piedra alcanzaba tras fuerte pendiente el indefinido collado y ya un corto camino ya bastante ancho que enlaza con la pista forestal que conecta con el collado de los Manchegos.

Como si no quisíeramos que terminara ese magnífico domingo nos demoramos en la bajada, oteando senderos, subiéndonos a algún roquedo, y disfrutando sentados en una amplia explana donde el verde nuevo de la reciente primavera parecia casi explotar. Las venas de los arroyos bajaban ruidosos llenos de vida, de las aguas del deshielo. La Pedriza estaba tranquila, y casi desierta,, y costaba salirse de ese rincón y regresarse a a ciudad. Supongo que nadie subió ese dia al Cerro Ortigoso, salvo nosotros, que nos apropiamos por unas horas de ese rincón.  



jueves, 9 de abril de 2015

LA PATAGONIA EN INVIERNO

Ayer por la tarde acudí a Desnivel a una nueva proyección. Esta vez se presentaba un proyecto de trekking invernal en la Patagonia. El primer trekking comercial que se va a realizar este año, en la segunda quincena de agosto. En plena época estival en el hemisferio norte, pero en invierno, en el hemisferio sur, aunque ya en un momento en que la estación invernal muestra inicio de cambios.

El trek se desarrolla en dos escenarios en el Parque Nacional del las Torres del Paine, y en el Fitz Roy. Los paisajes, según las imágenes mostradas, son asombrosos, soberbios. Y a pesar de ser invierno, y estar en la Patagonia, la temperatura no es tan baja, la presencia, probable, de nieve o el hielo, en principio, parecen que no sean son obstáculos que en teoría que impidan visitar la zona.


Temperaturas entre menos cuatro y diez grados, tiempo estable bastante de los dias, nevadas que van disminuyendo en estos últimos años, teniendo en cuenta que las marchas se desarrollan a cotas bajas, silencio, soledad, ya que prácticamente no hay gente en esa época, si no adredan las ciertas incomodidades del invierno parece una opción atractiva, la visión de las montañas que se visualizan en las marchas debe resultar, eso si, imborrable. 

 En esa época no hay refugios abiertos, salvo uno, en el que se pernocta todos los dias, al menos en la zona de Torres del Paine, haciendo recorridos de ida y vuelta por los distintos valles. Eso permite llevar cada dia una mochila pequeña con el picnic, dejando el resto del equipo en el refugio. la organización se encarga del transporte hasta el refugio. Este trek se desarrolla entre el 16 y el 31 de agosto, visitándose también el glaciar del Perito Moreno

miércoles, 8 de abril de 2015

SIERRA DE CAZORLA

"Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decirme de quien son esos olivos,
andaluces de Jaén"


Como abrazando y cobijando al naciente Guadalquivir...y al Segura, la Sierra de Cazorla es un extenso parque natural (más bien habria que hablar de las Sierras de Cazorla, Segura y las Viñas. La primera la recorrimos esta Semana Santa, cuando España se llena de procesiones que rememoran ese final cruento del proyecto de ser evangelio del Jesús de los caminos. Nosotros procesiones vimos las de las orugas, por cientos, que pululaban en los densos pinares, y que nos dejaron brazos y piernas - y resto del cuerpo -, a bastantes, llenos de escemas, granitos y picores...

No conocía Cazorla y, bueno, pienso que merece una visita. Algunos parajes podrían tener el marchamo de imprescindibles para el curtido senderista, siendo sobretodo, el recorrido por el rio Borosa, la marcha imprescindible de la zona. Muy concurrida si, ese Viernes Santo donde la realizamos. Al final del largo y estrecho valle por donde discurre el rio, una vez contemplado y atravesado la Cerrada de Elias, se alcanza una pequeña central hidroeléctrica, el camino se empina, el paisaje se hace prácticamente de sabor alpino, y se alcanza una pequeña pradera herbosa, cerrada por unos murallones por donde se precipita en una pintoresca cascada el Borosa. (El Salto de los Organos)

El profundo valle queda bastante abajo, la senda sube fuertemente en un corto ziz-zag y llega a una zona de túneles que atraviesan los contrafuertes del Pico Haza, que es recomendable pasar con frontales. Al otro lado se extiende una laguna, y muy cerca se localizan el naciente del Borosa, el manadero natural del rio que surge de la misma roca, Y desde donde emprendimos el regreso

Otra de las rutas recomendables que realizamos es la que atraviesa la Sierra desde el Parador de Cazorla hasta la localidad de la Iruela, por una antigua vereda, en parte empedrada, que alcanza el Puerto del Tejo, abriéndose desde arriba a un paisaje soberbio donde contemplar los olivares de Jaén que se extienden como una sábana que tapiza sobre las suaves lomas, muy abajo de nosotros destacaba la noble silueta del viejo castillo de Cazorla. Un lugar desde luego para retener en la memoria. Emprendimos la larga bajada por ese viejo camino, muy cómodo, sin dejar de encaramarnos a un roquedo que como la proa de un buque ofrecía una estupenda vista de la Iruela cuya caserío se extendía abajo como protegido por el mismo.

Las otras dos marchas que realizamos tuvieron como escenario los densos pinares, donde se encuentran los ejemplares de pinos más antiguos de la península. La madera de estos bosques fue aprovechada para la construcción naval realizándose un continuo trasiego de los troncos aprovechando la via del agua del Guadalquivir. Hay diversos GR que atraviesan la zona (cuatro en concreto), a parte de otros senderos, trochas, tenues veredas . A destacar también otro espectacular estrechamiento, la cerrada de Utrero, muy recomendable de recorrer su escaso kilómetro y medio de recorrido, y contemplar el salto de los Linarejos, donde se precipita el Guadalquivir, camino del mar, y los acantilados de roca rojiza que se contemplan enfrente de nuestro camino y que conforman un bonito escenario.

Estas fueron las cuatro marchas que realizamos

EL COLLADO DEL OSO Y EL VALLE DE LOS HABARES (8 km)


EL RIO BOROSA (hasta el manadero del mismo rio (18 km)


EL BOSQUE DE LOS PINOS ABUELOS Y LA CASCADA DE LINAREJOS (14,5 km)


CAMINO VIEJO DEL PUERTO DEL TEJO (9 km)


lunes, 6 de abril de 2015

KATASKAPOS

Kataskapos es una palabra griega que equivale a espiar, aunque en otro sentido algo más figurado significa: el que observa desde lo alto. Y en este sentido se adecúa perfectamente a la pretensión de este blog, que habla de montañas. No tanto como un reto que se tiene que superar, aunque indudablemente tiene su aspecto de reto, de ponerse a prueba, Sino que se entiende la montaña como un espacio pleno de significados, donde el montañero aprende ese arte de mirar de otra manera, desde lo alto, desde la cumbre y la cima.

Por eso el montañero es en esencia un kataskapos, su pretensíon no es espiar, aunque indudablemente su punto de observación le facilitaría esa tarea, sino la de tomar distancia sobre la vida del valle, apurar los últimos reductos de silencio, aspirar la libertad de las cimas, donde libre - hasta cierto punto - de las urgencias de la vida de abajo -, trata de hacerse una cierta idea de lo que acontece, de dar un sentido a esa vorágine de vertiginosas sensaciones que es la vida del valle. 

Las primeras ascensiones a las montañas no se realizaron con un afan competitivo, sino curioso, mirar desde arriba la vida del valle, sin una utilidad especial, subir sencillamente porque están ahí, sabiendo que es una realidad de la que no podemos apropiarnos, ni manipular, subimos y bajamos, la montaña permanece en su estabilidad y su silencio, viendo dibujarse en su superficie el trasiego de las estaciones, la sucesión de los dias y las noches, la vida que pulula en sus laderas.

Si no ejercitamos ese acto de saber mirar, la actividad montañera corre el riesgo de quedarse coja, de limitarse a un ejercicio físico que no atraviesa la epidermis de nuestro espíritu, Por eso es conveniente no perder de vista ese objetivo de alguna manera trascendente, al coronar la cima no solo logramos un reto, sino que conseguimos una posición privilegiada donde saber contemplar... tanto el exterior que nos rodea, los valles lejanos, como nuestro interior, dando oido a las sensaciones que nos brotan, a las emociones que se alambican con ese paisaje accesible desde las cimas.