Ayer, dia del libro, hubo un interesante encuentro en la libreria Desnivel en el que Sebastián Alvaro y Ramón Portilla hablaron de libros y de montañas, de algún modo de esas montañas presentidas através de libros que hablan sobre ellas. Pues más que una actividad física, un deporte, y en eso coincidieron, la montaña es un nudo de emociones, un sentimiento que es patrimonio compartido, donde lo dicho se conjuga con lo observado para dar una visión personal, una forma de ver las cosas desde arriba.
Hay tres momentos del viaje, también aplicable a las expediciones, y más humildemente, a las excursiones, el viaje soñado que se alambica mediante las diversas lecturas, que configura el deseo de querer estar allí. El viaje realizado, el que hacemos presente en un momento dado, el que caminamos y también sufrimos, y el viaje relatado, donde las emociones vuelven a remansarse en palabras, donde plasmamos algo de lo visto y presentido.
Hablaron un poco de esos libros que han ido perfilando, a lo largo de los años, su visión de las montañas, que han alimentado ese gen, desigualmente repartido entre la población, de querer meterse en lios, de exponerse, de buscar donde están los límites y querer mirar donde otros no han mirado. Pero el alpinismo clásico que en buena parte parecen añorar, no tiene nada que ver con ese afán competitivo, de querer transformar la montaña en un gigantesco polideportivo donde se trata de conseguir lo más dificil todavia, y luego publicarlo en las redes sociales.
Un buen libro de viajes, y de montañas, debe invitar a ponerse uno en camino, a buscar su propia aventura personal, las montañas son más que un mero accidente, es un espacio vivido, un muestrario de huellas...de las personas que un dia las habitaron, las subieron, las sintieron y a veces, también, dramáticamente murieron en ellas.
No es fácil la vida en la intemperie, pero el reto despierta nuestra vena indómita, hace añorar vivir en la frontera, conocer donde están los límites y tratar de llevarlos un poco más allá. Por eso les gusta hablar de un alpinismo que no trata de facilitar los límites sirviéndose de medios técnicos sino que acepta que realmente hay fronteras, obstáculos, difíciles de superar que requieren un esfuerzo de imaginación para buscar vias de superación.
Y hablaron de una idea bastante interesante: que tenemos derecho a vivir en el "mundo" que queremos vivir, más allá de lo que impongan las modas, los que "dicten" los medios de comunicación, los que nos "señalen" como la dirección indicada... cada uno debe seguir sus intuiciones profundas, su forma de enfrentarse a las cosas, de sentirlas, que ha ido modelando a lo largo de su vida y tambien de sus lecturas.
En fin fue un buen rato evocando libros, aquellos cuyos ecos nos insinúan la forma con la que acercarnos a la montaña, de verla, de entablar un diálogo fecundo con ella. No como un reto a superar, aunque también tenga esta dimensión, sino como una forma de autoconocimiento, de saber escuchar esas voces que surgen del silencio de pararse a escuchar la vida desde la cima. Caminamos a hombros de gigantes, fueron ellos los que abrieron el camino.















.jpg)
