Walking on the wild side

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viernes, 22 de mayo de 2015

RUTA DE LAS RELIQUIAS. Asturias

Un arca repleta de fantásticas reliquias, un viaje prodigioso a través del proceloso mar, una arriesgada travesia por la Peninsula por los campos enemigos, un llegar a la frontera y un atravesar por sendas inciertas, a través de los montes y por medio de una tupida foresta abundante de osos y otros peligros...pinceladas para adornar una extraordinaria aventura digna de una película o de un  betseller...y también, como no, para servir de inspiración a unas marchas por la naturaleza, que si bien dulcifica todos los elementos dramáticos recoge en su argumento el recuerdo de aquel viaje. Más allá de la historia real que lo inspira. Que vete a saber ahora, después de siglos de tiempo transcurridos cual fue en realidad.

Con todas las precauciones, en cuanto fechas y hechos, que este tipo de historias posee, la tradición arranca del año 614, en Jerusalen, allí ante al asedio de los Persas unos discípulos ponen a salvo un conjunto de reliquias que habían atesorado embarcándolas rumbo a Alejandría. Escondiéndolas en un arca de madera. Avanzaron por la costa africana hasta desembarcar en Cartagena. En el año 711 hay fechada su presencia en Sevilla comenzando su viaje hacia el norte. Permanecieron escondidas en el monte Monsacro hasta su traslado definitivo a Oviedo.

Desde un punto de vista más histórico nos interesa la fecha del 14 de marzo de 1075, ese dia, ante la presencia de Alfonso VI y su corte se produce la apertura del Arca y el reconocimiento oficial de las reliquias que contenía, y que se mantenían en la iglesia de San Salvador desde hacía mucho tiempo, probablemente para evitar su robo por parte de los piratas - como así lo atestigua una inscripción encontrada en una fortaleza cercana a la Cámara Santa datada en el año 875.


Las reliquias fueron descritas en el acta de apertura del arca, se narra que habían llegado a Asturias dessde Toledo, a donde habían sido trasladadas "desde distintos lugares" a principios del siglo VIII para evitar que cayeran en manos de los árabes ante la perspectiva de ocupacion de Toledo por parte de aquellos tras la derrota del ejercíto hispano-godo en Guadalete.

En definitiva un traslado de ese importante tesoro de reliquias de la cristiandad - independientemente de la interpretación que les demos - si que hubo, y que entraron en Asturias posiblemente por el Puerto de la Ventana, ya que era uno de los puntos tradicionales de comunicación entre la meseta y el norte. Y eso es lo que da fundamento a este largo proemio al viaje.

Con esos argumentos, y de base en esos recuerdos de hechos medio dormidos en la noche de los tiempos, realizamos dos etapas de la Ruta de las Reliquias, aprovechando antiguos caminos que sirvieron en su momento para comunicar la Meseta con Asturias. Fueron dos etapas: la primera desde el mismo Puerto de la Ventana hasta la localidad de Ricabo, y la segunda, desde Ricabo hasta Arroxo.

Las rutas nos introducen poco a poco en el corazón del paisaje Asturiano, de esa ameneidad de tonos verdes, marrones, profundos a los que la vista no cansa de mirar...la eclosión de la primavera daba fuerza renovada a esos distintos colores y tonos que permitían vislumbrar las diversas especies de árboles que componen el bosque mixto atlántico, atravesamos hayedos, siempre de suelos resbaladizos, y tuvimos ocasión de ver algún castaño y tejos de porte extraordinario. Amen de pequeñas aldeas que escondía su vida quieta en la foresta..

El segundo dia, desde Ricabo, estratégicamente enclavado en el profundo valle, seguimos caminando por el, utilizando el camino natural de la senda del Oso y enlazar posteriormente con un GR que en un variado recorrido a través de distintos tipos de sendas, sin salvarnos del consabido barro, hasta alcanzar la localidad de Arroxo, perteneciente al concejo de Quiros y donde destaca un monumento del románico asturiano, San Pedro del Arrojo. La ruta, como el dia anterior, resultó muy hermosa, en medio de esos paisajes siempre verdes en que se mezclan los pequeños prados, y el bosque mixto, al fondo, cerrando el valle, la bonita perspectiva de las montañas que forman la sierra de Aramo, cuyos grises contrastaban en el cielo azul que nos acompañó ese dia.

La última jornada nos trasladamos al Concejo de Mieres para ascender a una pequeña atalaya, el pico llosoriu, con unos modestos 998 metros, sin embargo su situación aislada permite una sensacional perspectiva desde la cumbre, que a punto estuvimos de perderla por la persistente niebla que nos acompañó y sólo se fue disipando al rato de estar en la cima.. Recorrimos luego un tramo de un cordal, el cordal de los Gallegos, para terminar en la población de Cenera.

Pernoctando en la ciudad de Oviedo, alli donde duermen su sueño nuestras reliquias viajeras que rememoramos en este viaje. Contrastes entre el bullicio de una ciudad que se muestra amable y cercana, y las soledades de las florestas umbrías, en las que medran las viejas sendas, siempre amenazadas por la tupida y exhuberante vegetación, viejos caminos con sabor a historias, ficticias o reales, pero que de algún modo u otro conforman nuestra memoria.




Viaje realizado entre el 15 y 17 de mayo.


miércoles, 6 de mayo de 2015

CAÑONES DEL EBRO



Orbaneja del Castillo
El camino te enseña algo que necesitabas aprender. Cada camino, aunque sea el más simple y discreto. Cada sendero, esos que se aupan, trazan caminos, te llevan o te traen, se afanan en la cuesta y se deslizan en las bajadas. Aprendizajes que no deben ser solos de palabras, a veces de una imagen, una emocion o un recuerdo.

Este puente volví a los cañones del Ebro, unos paisajes a los que he vuelto varios veces a lo largo de unos 20 años. Distintas miradas, o tal vez la misma que va como transformándose a lo largo y junto al tiempo.

Es uno paisaje muy hermoso, de esos que quedan impresionados en la retina, y que cuenta con distintas sendas y alternativas que hacen del discreto arte de andar, eso, precisamente, un arte, un camino hacia el autoconocimiento.

Miradorr sobre el Ebro
Y luego pernoctar en la Casa rural de Crespos, en el Valle de Manzanedo, un escondido venero de silencios, de hontanares donde recobrarse de las prisas y de los ruidos "que las horas del vivir te van hurtando", Un valle amenazado ahora por el fraking, como si nuestro afan consumnista, de destrozar la poca naturaleza no hollada, no tuviera freno. En fin, nubes negras sobre el horizonte

El Rudron y el Ebro juegan a esconderse y enlazarse y retrocerse en sucesivos meandros y cañones, gigantescas hendiduras en la extrema paramera que la labor del tiempo ha transformado. Y las pequeñas poblaciones, Orbaneja, Pesquera, Valdelateja, ancladas en un tiempo si tiempo de aquellos que antes poblaban nuestras vidas.

Meandro del Ebro
El primer dia hice unos pequeños recorridos por Orbaneja subiendo y bajando por el cañon observando ese escenario que lo ampara. El segundo hice un recorrido circular por el GR 99, la senda del Ebro.

Este camino es bastante interesante, desde Pesquera de Ebro se cruza por un airoso puente el rio Ebro para seguir ya el camino, que se encuentra balizado y no ofrece problermas de orientacion hasta la localidad de Cortiguera , desde esta pequeña localidad, casi abandonada, termina la pista y ya se camina, hasta el final por una vereda muy bonita, que transcurre por la parte alta del cañón y ofrece la posibilidad de asomarse y contemplar el profundo meandro que dibuja el rio. 

GR de Valdelateja a Pesquera
Después de un rápido descenso por el escalón rocoso, sin problemas pero con bastante pendiente, descendí a la orilla del rio, en la localidad de Valdelateja por donde discurren las aguas del Rudrón, un afluente del Ebro. Sin cruzar el puente se localiza la bonita y estrecha senda que va dejando el rio a nuestra izquierda. Despues de un tramo que se anotojó algo largo por fin llegué a la pasarela que cruza ya el Ebro que ya había tomado las aguas del Rudrón. Justo al lado de una pequeña central hidroelectrica de evocador nombre, El Porvenir.

Rio abajo, la senda se ajusta a la orilla del rio, lamiendo su orilla en algún momento, en una pequeña playita junto a un pequeño rápido me pude tomar por fin el bocadillo. Y ya tranquilamente alcanzé despues de un rato más el punto de inicio, Pesquera donde me refresque con dos cervezas después de un bien ganado trabajo.

El último dia, ya de regreso a Madrid hice una pequeña marcha desde la localidad cántabra de San Martin de Elines que posee una celebre colegiata románica. Subí por una pista que asciende fuertemente hasta la Lora, alcanzando así la altura del páramo que se eleva 200 metros más arriba sobre el Valle de Valderribe, las vistas son fantásticas, o lo deben serlo pues las nubes quitaban bastante visibilidad. Es posible hacer una ruta por los riscos cimeros y subir a la Peña Camesía, pero como iba sin mochila y sin las botas de montaña, y con prisas por volver a Madrid  lo dejé para otra ocasión.







La Lora, persepectiva sobre el Valle de Valderribe