Un arca repleta de fantásticas reliquias, un viaje prodigioso a través del proceloso mar, una arriesgada travesia por la Peninsula por los campos enemigos, un llegar a la frontera y un atravesar por sendas inciertas, a través de los montes y por medio de una tupida foresta abundante de osos y otros peligros...pinceladas para adornar una extraordinaria aventura digna de una película o de un betseller...y también, como no, para servir de inspiración a unas marchas por la naturaleza, que si bien dulcifica todos los elementos dramáticos recoge en su argumento el recuerdo de aquel viaje. Más allá de la historia real que lo inspira. Que vete a saber ahora, después de siglos de tiempo transcurridos cual fue en realidad.
Con todas las precauciones, en cuanto fechas y hechos, que este tipo de historias posee, la tradición arranca del año 614, en Jerusalen, allí ante al asedio de los Persas unos discípulos ponen a salvo un conjunto de reliquias que habían atesorado embarcándolas rumbo a Alejandría. Escondiéndolas en un arca de madera. Avanzaron por la costa africana hasta desembarcar en Cartagena. En el año 711 hay fechada su presencia en Sevilla comenzando su viaje hacia el norte. Permanecieron escondidas en el monte Monsacro hasta su traslado definitivo a Oviedo.
Desde un punto de vista más histórico nos interesa la fecha del 14 de marzo de 1075, ese dia, ante la presencia de Alfonso VI y su corte se produce la apertura del Arca y el reconocimiento oficial de las reliquias que contenía, y que se mantenían en la iglesia de San Salvador desde hacía mucho tiempo, probablemente para evitar su robo por parte de los piratas - como así lo atestigua una inscripción encontrada en una fortaleza cercana a la Cámara Santa datada en el año 875.
Las reliquias fueron descritas en el acta de apertura del arca, se narra que habían llegado a Asturias dessde Toledo, a donde habían sido trasladadas "desde distintos lugares" a principios del siglo VIII para evitar que cayeran en manos de los árabes ante la perspectiva de ocupacion de Toledo por parte de aquellos tras la derrota del ejercíto hispano-godo en Guadalete.
En definitiva un traslado de ese importante tesoro de reliquias de la cristiandad - independientemente de la interpretación que les demos - si que hubo, y que entraron en Asturias posiblemente por el Puerto de la Ventana, ya que era uno de los puntos tradicionales de comunicación entre la meseta y el norte. Y eso es lo que da fundamento a este largo proemio al viaje.
Con esos argumentos, y de base en esos recuerdos de hechos medio dormidos en la noche de los tiempos, realizamos dos etapas de la Ruta de las Reliquias, aprovechando antiguos caminos que sirvieron en su momento para comunicar la Meseta con Asturias. Fueron dos etapas: la primera desde el mismo Puerto de la Ventana hasta la localidad de Ricabo, y la segunda, desde Ricabo hasta Arroxo.
Las rutas nos introducen poco a poco en el corazón del paisaje Asturiano, de esa ameneidad de tonos verdes, marrones, profundos a los que la vista no cansa de mirar...la eclosión de la primavera daba fuerza renovada a esos distintos colores y tonos que permitían vislumbrar las diversas especies de árboles que componen el bosque mixto atlántico, atravesamos hayedos, siempre de suelos resbaladizos, y tuvimos ocasión de ver algún castaño y tejos de porte extraordinario. Amen de pequeñas aldeas que escondía su vida quieta en la foresta..
El segundo dia, desde Ricabo, estratégicamente enclavado en el profundo valle, seguimos caminando por el, utilizando el camino natural de la senda del Oso y enlazar posteriormente con un GR que en un variado recorrido a través de distintos tipos de sendas, sin salvarnos del consabido barro, hasta alcanzar la localidad de Arroxo, perteneciente al concejo de Quiros y donde destaca un monumento del románico asturiano, San Pedro del Arrojo. La ruta, como el dia anterior, resultó muy hermosa, en medio de esos paisajes siempre verdes en que se mezclan los pequeños prados, y el bosque mixto, al fondo, cerrando el valle, la bonita perspectiva de las montañas que forman la sierra de Aramo, cuyos grises contrastaban en el cielo azul que nos acompañó ese dia.
La última jornada nos trasladamos al Concejo de Mieres para ascender a una pequeña atalaya, el pico llosoriu, con unos modestos 998 metros, sin embargo su situación aislada permite una sensacional perspectiva desde la cumbre, que a punto estuvimos de perderla por la persistente niebla que nos acompañó y sólo se fue disipando al rato de estar en la cima.. Recorrimos luego un tramo de un cordal, el cordal de los Gallegos, para terminar en la población de Cenera.
Pernoctando en la ciudad de Oviedo, alli donde duermen su sueño nuestras reliquias viajeras que rememoramos en este viaje. Contrastes entre el bullicio de una ciudad que se muestra amable y cercana, y las soledades de las florestas umbrías, en las que medran las viejas sendas, siempre amenazadas por la tupida y exhuberante vegetación, viejos caminos con sabor a historias, ficticias o reales, pero que de algún modo u otro conforman nuestra memoria.
Viaje realizado entre el 15 y 17 de mayo.
Con todas las precauciones, en cuanto fechas y hechos, que este tipo de historias posee, la tradición arranca del año 614, en Jerusalen, allí ante al asedio de los Persas unos discípulos ponen a salvo un conjunto de reliquias que habían atesorado embarcándolas rumbo a Alejandría. Escondiéndolas en un arca de madera. Avanzaron por la costa africana hasta desembarcar en Cartagena. En el año 711 hay fechada su presencia en Sevilla comenzando su viaje hacia el norte. Permanecieron escondidas en el monte Monsacro hasta su traslado definitivo a Oviedo.
Desde un punto de vista más histórico nos interesa la fecha del 14 de marzo de 1075, ese dia, ante la presencia de Alfonso VI y su corte se produce la apertura del Arca y el reconocimiento oficial de las reliquias que contenía, y que se mantenían en la iglesia de San Salvador desde hacía mucho tiempo, probablemente para evitar su robo por parte de los piratas - como así lo atestigua una inscripción encontrada en una fortaleza cercana a la Cámara Santa datada en el año 875.
Las reliquias fueron descritas en el acta de apertura del arca, se narra que habían llegado a Asturias dessde Toledo, a donde habían sido trasladadas "desde distintos lugares" a principios del siglo VIII para evitar que cayeran en manos de los árabes ante la perspectiva de ocupacion de Toledo por parte de aquellos tras la derrota del ejercíto hispano-godo en Guadalete.
En definitiva un traslado de ese importante tesoro de reliquias de la cristiandad - independientemente de la interpretación que les demos - si que hubo, y que entraron en Asturias posiblemente por el Puerto de la Ventana, ya que era uno de los puntos tradicionales de comunicación entre la meseta y el norte. Y eso es lo que da fundamento a este largo proemio al viaje.
Con esos argumentos, y de base en esos recuerdos de hechos medio dormidos en la noche de los tiempos, realizamos dos etapas de la Ruta de las Reliquias, aprovechando antiguos caminos que sirvieron en su momento para comunicar la Meseta con Asturias. Fueron dos etapas: la primera desde el mismo Puerto de la Ventana hasta la localidad de Ricabo, y la segunda, desde Ricabo hasta Arroxo.
Las rutas nos introducen poco a poco en el corazón del paisaje Asturiano, de esa ameneidad de tonos verdes, marrones, profundos a los que la vista no cansa de mirar...la eclosión de la primavera daba fuerza renovada a esos distintos colores y tonos que permitían vislumbrar las diversas especies de árboles que componen el bosque mixto atlántico, atravesamos hayedos, siempre de suelos resbaladizos, y tuvimos ocasión de ver algún castaño y tejos de porte extraordinario. Amen de pequeñas aldeas que escondía su vida quieta en la foresta..
El segundo dia, desde Ricabo, estratégicamente enclavado en el profundo valle, seguimos caminando por el, utilizando el camino natural de la senda del Oso y enlazar posteriormente con un GR que en un variado recorrido a través de distintos tipos de sendas, sin salvarnos del consabido barro, hasta alcanzar la localidad de Arroxo, perteneciente al concejo de Quiros y donde destaca un monumento del románico asturiano, San Pedro del Arrojo. La ruta, como el dia anterior, resultó muy hermosa, en medio de esos paisajes siempre verdes en que se mezclan los pequeños prados, y el bosque mixto, al fondo, cerrando el valle, la bonita perspectiva de las montañas que forman la sierra de Aramo, cuyos grises contrastaban en el cielo azul que nos acompañó ese dia.
La última jornada nos trasladamos al Concejo de Mieres para ascender a una pequeña atalaya, el pico llosoriu, con unos modestos 998 metros, sin embargo su situación aislada permite una sensacional perspectiva desde la cumbre, que a punto estuvimos de perderla por la persistente niebla que nos acompañó y sólo se fue disipando al rato de estar en la cima.. Recorrimos luego un tramo de un cordal, el cordal de los Gallegos, para terminar en la población de Cenera.
Pernoctando en la ciudad de Oviedo, alli donde duermen su sueño nuestras reliquias viajeras que rememoramos en este viaje. Contrastes entre el bullicio de una ciudad que se muestra amable y cercana, y las soledades de las florestas umbrías, en las que medran las viejas sendas, siempre amenazadas por la tupida y exhuberante vegetación, viejos caminos con sabor a historias, ficticias o reales, pero que de algún modo u otro conforman nuestra memoria.
Viaje realizado entre el 15 y 17 de mayo.