| Ibones de Angliós |
En una pretérita edad geológica este pequeño valle sería una cubeta glaciar, cuyo desague natural lo forma ahora el estrecho y profundo valle de Salenques. El entorno es muy hermoso y solitario. En las calmas aguas de los ibones se reflejan los paredones que le rodean, donde descienden las pedreras, una de ellas arranca desde el mismo collado de Llauset y es salvada sabiamente por nuestro sendero que buscando el mejor paso entre los bloques de grandes rocas se allega al fondo de la cubeta.
Allí se extienden praderas de color verde salpicadas de bloques erráticos, los ibones extienden su transparente superficie donde se reflejan las siluetas de las altas y entrecortadas paredes que lo circundan. Todo invitaría a una merecida contemplación, pero el cielo se va tornando muy oscuro presagiando la eminencia de la tormenta, que allí arriba y con tanta roca y arboles nos puede colocar en una situación algo complicada.
| Entrada al Valle de Salenques |
Así que tras un descanso vamos caminando hacia el desague natural de la cubeta. El rio Salenques que desciende rápidamente formando un angosto y profundo valle,, bajamos con celeridad, pero con tiento, el terreno sin ser malo es bastante incómodo y el camino parece no llegar nunca al fondo del valle. Por fin lo alcanza, antes ya tuvimos que detenernos a ponernos la ropa para el agua, y ya junto a la orilla del rio encontramos refugio bajo unos frondosos árboles mientras, ahora si, la lluvia cae fuertemente. Paramos por fin a comer y ya afrontamos la parte más sencilla del camino, por un sendero que recorre el fondo del valle por un hermoso bosque. Trilogías del Pirineo, roca, agua y arbol sabiamente conjugadas en este interesante recorrido.
El Valle, y su rio, desemboca en el embalse de Baserca, junto a la carretera que conduce al Valle de Aran. Allí dejamos un coche a la ida que ahora utilizamos para volver.
| Embalse de Baserca |
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