Walking on the wild side

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jueves, 12 de noviembre de 2015

Caminando por la Pedriza


El domingo 8 de noviembre nos regaló un preciso dia que, a pesar de las fechas, más bien parecía casi primaveral, aunque el paisaje aparecía pintado de los tonos otoñales en los pocos ejemplares de arboles caducifolios que medraban al amparo de los canales y en medio de la floresta verde de los pinos. Sobre ellos las enriscadas y elegantes formas de los granitos que semejaban figuras fantásticas, y en donde se apreciaba la labor callada y constante del agua y del hielo cercenando esas moles duras que están destinadas a ser un dia polvo llevado por el viento. Bueno, aunque eso no lo veremos.

Desde Cantocohino ,que estaba ya casi lleno a eso de las 9, cruzando por el puente que salvaba el Manzanares que portaba una cauce bien tumultuoso, seguimos por la autopista, por el cómodo sendero que acompaña el rio, En medio de un tupido pinar en el que apenas hay sitio para otro tipo de vegetación que no sea los ejemplares jóvenes de pináceas alcanzamos la zona de Cuatro Caminos. Seguimos por el PR hasta alcanzar una zona algo complicada de rocas desde donde decidimos volver.


De nuevo en los cuatro caminos giramos a nuestra derecha (en el sentido de bajada) para caminar por la senda que sin abandonar la zona de pinar, permite encaramarnos a algún balcón entre los grandes bloques de granito que ofrecen una estupenda visión del estrecho valle bien flanqueado por la sucesión de aristas, riscos, canales, cortados que forman ese paisaje auténticamente espectacular de la Pedriza.

Alcanzamos el collado del Cabrón que seguimos un poco más adelante para llegar al Cancho de los Muertos, un soberbio canchal, de ahí precisamente su nombre que es tributario de una truculenta historia de bandidos, doncellas en peligro, y tragedia final para los malhechores.


Comimos sobre una amplia lancha de granito, la luz del breve dia de noviembre parecía pronto a concluir y comenzamos a bajar por un sendero que al rato tiene dos bifurcaciones, escogimos la más complicada que nos llevó a una zona de escalones en la que hubo de prestar especial atención. Por fin en la zona de Cantocochino no nos demoramos demasiado en coger el coche ya que a las siete cierran la carretera de acceso a la zona.

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