Walking on the wild side

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miércoles, 9 de diciembre de 2015

Sierra Magina

Catedral de Jaen
Corren los tiempos como el agua en las escorrentías, como un flujo que no se detiene. Aunque las laderas y los barrancos secos y polvorientos parecen no recordar, acaso, la última vez que el agua regó los campos.

Feliz vida la de aquel, recordaba Horacio, que regresaba a la vida natural, pegado a la tierra, amarrado a lo esencial y no a los artificios de la vida de la urbe, Aunque también suena eso a literatura. Hay poca odisea, a veces, en los ritmos repetitivos de las existencias. En las tareas de sol a sol, donde se exprime el fruto de la tierra, donde la heredad no es de quien la produce, tantas veces, ni el fruto del trabajo, sacado con dolor, tampoco.

“Aceituneros de Jaén, aceituneros altivos….”. El viaje nos acerca a la urdimbre de las pequeñas cosas, es como ir descubriendo huellas, una biografía de hombres normales y anónimos que un día vivieron una vida. El viajero porta la suya, que va haciendo en los caminos, tratando de estar con el oído atento a los lugares comunes donde los tiempos son vividos.

Sierra Mágina, es un rincón donde esa vida, como en tantos otros se expresa y toma cuerpo, paisajes de montaña, sin que llegar a ser altivas, muestra las espectacularidad de sus agrestes rincones, de escarpes y aristas que perdiéndose en los valles, amenizan la vista.

Y más abajo, donde las cosas pierden su vocación de verticalidad aparecen los olivos, lecciones de geometría que tapizan los valles y los oteros. Y en ellos el fruto que a la sazón torna a madurar, segrega savia de vida nueva en la tierra que rezuma aceite de esas pequeñas perlas que maduran lentamente.

El olivo construye ese modo de ser, es la melodía silenciosa que da color a los días, haciendo de los habitantes verdaderos pastores y cuidadores de esos árboles que lentamente pacen eternos siglos de silencio.

Y como custodiando los altivos montes se extienden los pueblos blancos rectilíneos, donde el tiempo a veces también parece detenerse como avisándonos que nuestras prisas nunca son demasiados buenas.

También el paisaje hecho geografía humana nos habla de viejas fronteras, esas un día amenazantes pues dibujan a las gentes del otro lado dividiendo lo que es un continuo. ¿Pero cuál es el lado bueno?, el viajero nunca lo llega a saber pues es todo cuestión de perspectiva, de lo lejos que le lleve la constancia de sus zapatillas.

Aquí las piedras hablarían si hablasen, de los Nazaríes, escuchamos su historia, su rumor quedo inmortalizado, al menos, entre las formas de sus castillos y las torres de vigilancia, también en la arquitectura interna de los pueblos y en la toponimia, ese insondable arsenal de ensoñaciones.

Jaén, capital, también nos recibió con un abrazo cálido, como quien huérfano de reconocimiento también quiere mostrar su dignidad, otras ciudades parecen hacerle poderosa sombra, pero bien merece también su visita, mientras el viajero se pierde por sus estrechas callejuelas de la parte antigua hasta encontrarse. La catedral es poderosa, robusta, frente a ella escuchamos otras voces, también presentes y que forman esa sintonía de ciudad.

Así que, ponderando todos los elementos tenemos una Sierra que no deja de ser mágica, pues la magia está en el corazón del viajero atento, y una frontera, y un fruto, el olivo, que marca el orden de los tiempos, las tareas y los descansos, hay más cosas, sin embargo no es balde que el caminante haga sus propios descubrimientos, que se aquiete y busque la dulce serenidad de las pequeñas cosas.

“Andaluces de  Jaén,
Aceituneros altivos,
Decirme del alma de quien  
Son esos olivos….
Andaluces de Jaén”

Nota practica
Marchas realizadas

El cerro Jabalacruz y el Castillo de Santa Catalina 13 km
Sábado 5 de diciembre

Castillo de Santa Catalina
Se trata de una ruta alrededor del Cerro Jabalacruz, verdadera atalaya que preside el paisaje urbano de la ciudad de Jaén. Sobre un espolón rocoso, varado en su arista, se asienta el Castillo de Santa Catalina, hoy parador. Su construcción es de origen cristiano erigido tras la conquista de la cuidad por Fernando III el Santo en 1246 que se la arrebató al rey moro Al-Ahmar. Desde allí bajamos caminando hasta entrar en la cuidad.

Sendero de Fuenmayor. 14 km
Domingo 6 de diciembre


En la cara norte de la Sierra Mágina, en un valle asentado al amparo de las laderas del Cerro Ponce y rodeado por otras alturas que parecen cerrar el valle, el caserío de la población de Torres parece ganar espectacularidad a medida que ganamos altura hasta alcanzar una especie de collado donde el camino cambia de vertiente y regresa a la localidad. Sin embargo esta zona de bajada es poco agradable ya que los cercados impiden tomar atajos por lo que los últimos kilómetros se han de realizar por una carreterilla asfaltada.

Sendero del Peralejo y Piedra del Águila 11 km
Lunes 7 de diciembre


Sin duda la marcha más bonita por la amenidad de los paisajes que permiten ir descubriendo esos rincones pocos conocidos de la Sierra Mágina. Cortijos esparcidos entre inmensos campos de olivares, la dorsal caliza de la Sierra, y los pueblos blancos suspendidos en la distancia componen un conjunto francamente bonito. La comida sobre una pequeña atalaya dominando un amplio paisaje nos sirvió para gozar del mismo.

El Adefal de Cuadros 7 km
Martes 8 de diciembre 



Corta pero intensa marcha, otra vez en su vertiente norte. Situados cerca de la localidad de Bedmar, el camino se empina decididamente para ir primero a visitar el torreón de Cuadros, construido sobre un roquedo que permite contemplar un amplio paisaje salpicado de huertas, pequeños caseríos y zonas de cultivo. Seguimos subiendo fuertemente, aunque luego el camino se dulcifica hasta alcanzar la zona de las Viñas, ya no lejos del Pico de la Carluca. Comenzamos un descenso bastante rápida por una senda muy bonita que profundiza en un pinar, hasta llegar al fondo de un estrecho barranco que forma el Rio Cuadros en cuyas orillas se asienta un denso  adelfal, uno de los más importantes de la Península.