Walking on the wild side

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lunes, 22 de junio de 2015

RIOJA ALAVESA

Cumbre del Toloño
 Hay cierta propensión a entender el descanso como ausencia de actividad, como si el detenernos, el parar, nos repusiese las mermadas fuerzas, nos reequilibrase, nos reorientase, cicatrizase las heridas que el trajinar diario nos va produciendo y nos reestableciese otra vez.

Sin embargo cada uno hará bien de marcar sus tiempos, de cartografiar esos "lugares" que le producen estres, agobio, y aquellos "otros" donde se siente libre, tranquilo, completado, - bien es verdad que nada nos completa de todo pero puede marcar una dirección adecuada.

Sierra del Toloño
Así que si se explica que en dos dias, sábado y domingo, se comenzase el primero madrugando en Madrid, saliendo en autobús hasta alcanzar un perdido puerto de montaña en la Rioja alavesa, que bajado del autobus se dispusiese a subir por un hayedo hasta alcanzar una bonita cumbre con fantásticas vistas, el Toloño, que se trabajase una entretenida bajada hasta alcanzar Labastida, que despues de un ameno rato al solaz de una ganada cerveza se fuera hasta la cercana Miranda del Ebro, que posteriormente de una refrescante ducha se visitase el pueblo, se cenase en el hotel, que se se diese otra vuelta por la Plaza Mayor, se durmiese rápidamente, y el domingo también se sorprendiera a las primeras horas de la mañana, se atravesase bonitos paisajes, se subiese a la Peña Cervera, se bajase por la otra vertiente, se alcanzase el precioso enclave de Laguardia, a eso de las dos, - tras de 13 bien ganados kilometros, se visitase la villa , y se comiera algo, y d a continuación el largo viaje de vuelta a Madrid en un duermevela en el autobus, se llegase a la capital y a casa por fin a tiempo para cenar algo y dormir.... tal vez alguien entendiese que fuera un fin de semana algo agitado y poco reparador....

Hayedos, vegetacion atlantica vertiente norte
Sin embargo esa es la ruta, el camino, y no digo que todos tengan que ir por el mismo sendero, cosa imposible, sino que cada uno debe fijarse su propio itinerario, localizar esos espacios que le llenan y huir, tal vez, de aquellas zonas grises que le amodorran, donde vegeta. 

Arte de vivir, arte de ser, de labrar los caminos de esta via, para algunos estar con la mochila siempre o casi siempre puesta, no es mejor o peor opción, es simplemente una opción,.

Y así que al amparo de este cambio de estación, donde los paisajes de la madura primavera se han trucado en un naciente estío que, como siempre, nos trae la promesa de largos dias, de tranquilidad, de jornadas serenas sin ruidos ni tensiones exacerbadas, de momentos de siesta, y de conversaciones sosegadas al albur de las estrellas...me fui a recorrer caminos de la Rioja Alavesa, un vistazo rápido a esta unidad de paisaje que estructurada alrededor de la vieja Sierra de Cantabria, mira al Norte, a la Cantábrico, a la vegetación atlántica, y hacia el sur, a la Meseta, a la vegetación Mediterránea. Y tiene al Ebro como esa cinta azul que acomodada a la topografía da la linea argumental a los trabajos y a los dias.

Peña Cervera
Zona fronteriza en muchos sentidos, y por eso llena de matices, de contrastes. Es posible subir por la vertiente norte, al amparo de un fresco y tupido hayedo, vegetación atlántico, y bajar por la vertiente sur, atravesando la solana soleada por medio de una Dehesa y piornales, esencias mediterraneas. Y en el valle, extendiéndose por las lomas, las vides, y las bodegas donde se almacenan, y duermen el tiempo justo esos caldos que un dáa, salidos de las uvas, alegrarán los paladares.

La Sierra pese a ser modesta en sus proporciones muestra rincones francamente bonitos y espectaculares, que recuerdan la no lejana cordillera de Picos de Europa, pues prácticamente participa de su misma estructura orográfica. El Ebro atraviesa la Sierra y la rodea, y desde las cimas la vista se pierde en amplias perspectivas, dominando una zona que tan pronto es Euskadi, como la Rioja, como Castilla, caprichos de la historia, de los diseñadores de mapas.... que gustan de deslindar lo que es un continuo que se combina y recombina continuamente.

Y eso fueron dos días, unas horas, y unos caminos, dos atalayas, el Toloño y Peña Cervera, que nos obsequiaron con esencias de cumbres, donde respirar esa libertad de las cimas, y unas tierras que miran al norte y al sur, evocaciones del Tao, del complejo devenir de todas las cosas.









Este es el camino,
los pasos que hemos dado 
los senderos que seguiran,
los dias y las noches,

miércoles, 17 de junio de 2015

LO QUE RESTA DEL DIA



Tanto la semana pasada como esta he tenido ocasión de escuchar dos interesantes conferencias, de sendos montañeros "veteranos", Carlos Soria y Perez de Tudela, nombres con espacio propio y destacado en la historia del alpinismo español. Personajes además en activo, que siguen dando vueltas al hecho de porqué se suben montañas, sobre cuál es la pretensión última de aquel a cuyos pasos le dirigen en pos de la cima.

Filosofía de vida, la montaña es más que una filosofía, trasluce la vida misma, es una metáfora viviente, una "via ejemplaris", un camino ascendente, símbolo tantas veces escogido en los textos espirituales. Un camino de expiación, de la lenta salida del purgatorio mientras nos ponemos en caminos hacia aquellas regiones más puras, despojándonos de todo aquello que no nos deja avanzar.

Claro que según estas metáforas había dos regiones claramente diferenciadas, la de abajo, la del valle, "impura", la de arriba, la de la cima "pura y etérea" donde habitan los dioses o al menos habitaban, hasta que la moderna propensión de hollar todos los rincones los dejó sin aposento. 

Sin embargo las cosas no son tan fáciles ni simples, hay que quedarse con que la montaña atrae de tal modo a los amantes de la misma que sus vidas quedan rediseñadas desde otras coordenadas, desde otros ejes. Pero esa pasión no es una tarea espúrea, una forma de "perder" el tiempo, sino al contrario, de ganarlo, de aquilatar la personalidad, de "descubrirse" de "explorarse" mientras exploramos un paisaje desconocido.

¿Pero no tienes otra cosa mejor que hacer? Parece que es la eterna pregunta que se dirige al oteador de alturas...no obstante en la montaña no se va primordialmente a "hacer", sino a "ser", es un camino para desenvolver este hecho asombroso de existir.

La "veteranía" siempre dar un cierto grado de lucidez, mientras no dejan de asomarse ciertas dosis de "locura", ¿que seria de nuestra existencia sin estos tintes de euforía, de entusiasmo?¿Nos resignaríamos a quedarnos en casa sentados en un sillón viendo la vida pasar?....a pesar de los límites que el tiempo va imponiendo la mente sueña con sus cimas, sus riscos, sus veredas. El montañismo es una forma de teñir ese canto a la vida que toda existencia es; en el borde del abismo está también la salvación, en el límite en la frontera, se puede vislumbrar, esa otro lado, ese poco más allá del más acá, las preguntas fundamentales que en el silencio se van alambicando.

"Lo que queda del dia", es una frase de una Carta de San Pablo, se intuye una cierta nota de desesperanza, de intuir que las horas están contadas, que se conjugan con un despertar, un tomar conciencia que no podemos dormirnos antes de tiempo, que siguen habiendo cimas sin escalar, que el camino no se termina y aún tenemos paisajes que sorprender y silencios que contemplar. Alla arriba está la frontera, ese espacio común en que reanudamos el diálogo abierto con nosotros mismos, y es necesario espabilar, dejar atrás la modorra, y estar presto a ponerse la mochila.


miércoles, 3 de junio de 2015

EN LA POSTRERA LUZ DEL DIA



A la montaña se puede subir con el objetivo de alcanzar una cima, de cumplir un reto, de hacer un poco de ejercicio, de olvidarse de todo durante unas horas... o simplemente, por que está ahí delante y tenemos esa necesidad de encararmarse arriba y ver la vida pasar.

Algo de chirriante puede haber en la existencia si tenemos que justificar todas las acciones, si encima dicha justificación la baremamos en términos de "rendimiento" de "eficacia", de "ganancia". El hombre reducido a su dimensión de eficacia, de "economicidad" es un hombre unidimensional, como ya dijo hace tiempo Marcurse. Su tiempo no es sólo "oro", más que ello es "tiempo", tic tac inexorable de las manecillas del reloj que camina en una sola dirección.


Y ese tiempo se condensa en ciclos, presididos por la salida y el ocaso del sol, y del cénit, de contemplar el ocaso va el argumento de estas dos salidas que realicé la semana pasada. Una el miércoles y otra el sábado. Las dos en muy buena compañía. En ellas desde luego importa poco la meta, no se busca nada, ni se pretende un  reto ni un objetivo, ni por supuesto son horas a las que sacar un "rendimiento"

O tal vez si, tal vez cuando en los silentes instantes en que ese globo rojo que se agranda por momentos es engullido por el horizonte...podemos encontrar una explicación. Que como todas las verdades importantes no se desvela en palabras sino en intuiciones que como un fogonazo en la retina impregnan nuestra vividura.

De que nos habla esos postreros atardeceres cuando la primavera cuajada de frutos se encamina al estío, cuando los días se alargan hasta la extenuación reduciendo a sus justas medidas el reino de la noche. Me preguntaba yo, si ese último aliento del sol que termina su camino nos abre a escuchar los sonidos del universo. ¿Pretencioso?. Tal vez no tanto, porque el verdadero sonido del universo es el silencio, y allí los últimos rayos que nos acarician en la Maliciosa o en Peña Aguila, nos abren sobretodo el oido al silencio, de aquel profundo, envolvente, misterioso, en el que "nada" el universo.

Vivir es el arte de escuchar, más que de hablar, escuchar muchas cosas y quedarse con las que nos convienen, como diría San Pablo, por eso subir a una montaña a esas horas tardías cuando se van quedando solitarias y yermas, puede ser un ejercicio para abrirse al silencio...ese que está ahí fuera, que envuelve nuestros ruidos circunstanciales y que nos interroga siempre con su misterio.

Hay otras exquisiteces que acompañan las rutas vespertinas, pero tal vez sea interesante que el lector las descubra por si mismo