Tanto la semana pasada como esta he tenido ocasión de escuchar dos interesantes conferencias, de sendos montañeros "veteranos", Carlos Soria y Perez de Tudela, nombres con espacio propio y destacado en la historia del alpinismo español. Personajes además en activo, que siguen dando vueltas al hecho de porqué se suben montañas, sobre cuál es la pretensión última de aquel a cuyos pasos le dirigen en pos de la cima.
Filosofía de vida, la montaña es más que una filosofía, trasluce la vida misma, es una metáfora viviente, una "via ejemplaris", un camino ascendente, símbolo tantas veces escogido en los textos espirituales. Un camino de expiación, de la lenta salida del purgatorio mientras nos ponemos en caminos hacia aquellas regiones más puras, despojándonos de todo aquello que no nos deja avanzar.
Claro que según estas metáforas había dos regiones claramente diferenciadas, la de abajo, la del valle, "impura", la de arriba, la de la cima "pura y etérea" donde habitan los dioses o al menos habitaban, hasta que la moderna propensión de hollar todos los rincones los dejó sin aposento.
Sin embargo las cosas no son tan fáciles ni simples, hay que quedarse con que la montaña atrae de tal modo a los amantes de la misma que sus vidas quedan rediseñadas desde otras coordenadas, desde otros ejes. Pero esa pasión no es una tarea espúrea, una forma de "perder" el tiempo, sino al contrario, de ganarlo, de aquilatar la personalidad, de "descubrirse" de "explorarse" mientras exploramos un paisaje desconocido.
¿Pero no tienes otra cosa mejor que hacer? Parece que es la eterna pregunta que se dirige al oteador de alturas...no obstante en la montaña no se va primordialmente a "hacer", sino a "ser", es un camino para desenvolver este hecho asombroso de existir.
La "veteranía" siempre dar un cierto grado de lucidez, mientras no dejan de asomarse ciertas dosis de "locura", ¿que seria de nuestra existencia sin estos tintes de euforía, de entusiasmo?¿Nos resignaríamos a quedarnos en casa sentados en un sillón viendo la vida pasar?....a pesar de los límites que el tiempo va imponiendo la mente sueña con sus cimas, sus riscos, sus veredas. El montañismo es una forma de teñir ese canto a la vida que toda existencia es; en el borde del abismo está también la salvación, en el límite en la frontera, se puede vislumbrar, esa otro lado, ese poco más allá del más acá, las preguntas fundamentales que en el silencio se van alambicando.
"Lo que queda del dia", es una frase de una Carta de San Pablo, se intuye una cierta nota de desesperanza, de intuir que las horas están contadas, que se conjugan con un despertar, un tomar conciencia que no podemos dormirnos antes de tiempo, que siguen habiendo cimas sin escalar, que el camino no se termina y aún tenemos paisajes que sorprender y silencios que contemplar. Alla arriba está la frontera, ese espacio común en que reanudamos el diálogo abierto con nosotros mismos, y es necesario espabilar, dejar atrás la modorra, y estar presto a ponerse la mochila.



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