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| Camino de subida desde el Puente del Reten |
Son los pequeños descubrimientos que aguardan al oteador de las viejas veredas, esos inciertos caminos que trepan entre los riscos, veredas sin nombre, humildes, que alguien pisó, y que jalonó de hitos, pensando tal vez en otro montañero que algún dia surcara el sendero. Veredas que llevan a una cima que nos aguarda allí arriba, desde lo alto, pero la cima es un momento, una ilusión, una circunstancia. Lo que queda es el camino. O tal vez ni el, queda el recuerdo, pues ni siquiera el caminante que encamina sus dubitativos pasos permanece.
Es hermoso ese minoritario placer de remontar viejas veredas, ¿a donde nos llevará el camino?, tal vez sea esa la pregunta crucial, y puede que cada cima sea solo un momento de esa diálogo interminable que el caminante mantiene con su camino.
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| Subiendo Cerro Ortigoso, al fondo las Milaneras |
El sendero va medrando entre el borde del pinar y una zona desnuda de vegetación poblada de grandes lanchares de granito y rocas. El rio va quedando muy abajo y también el sendero que dibujado en la orilla de enfrente es el pr que sube al puente de los Manchegos. La trepada a la propia cima se antoja algo complicada, así que la obviamos, la dejamos a nuestra izquierda para sobrepasarla, de frente se alzaba a lo lejos otro roquedo, el Cerro de las Barreras también con una pinta casi inexpugnable. Aunque en los mapas el sendero parece cortarse desde allí, es posible seguir caminando y enlazar con una de las curvas que hace la pista forestal que sube al Collado. Sin embargo esa opción la dejamos para otro dia.
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| Amplia pespectiva de la Pedriza. Manzanares al fondo |
Como si no quisíeramos que terminara ese magnífico domingo nos demoramos en la bajada, oteando senderos, subiéndonos a algún roquedo, y disfrutando sentados en una amplia explana donde el verde nuevo de la reciente primavera parecia casi explotar. Las venas de los arroyos bajaban ruidosos llenos de vida, de las aguas del deshielo. La Pedriza estaba tranquila, y casi desierta,, y costaba salirse de ese rincón y regresarse a a ciudad. Supongo que nadie subió ese dia al Cerro Ortigoso, salvo nosotros, que nos apropiamos por unas horas de ese rincón.




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