Walking on the wild side

Walking on the wild side

lunes, 13 de abril de 2015

Cerro Ortigoso


Camino de subida desde el Puente del Reten
Un precioso domingo, con tiempo inestable típico de primavera. Estupenda compañía que hace más liviano el camino.. Una vieja vereda que enfila, requiebra, se pierde y se recupera, y que sube sin contemplaciones, un cerro que yace casi olvidado al que casi nadie sube, y unos paisajes que asombran como si fueran recién descubiertos, y casi es así, porque a cada nuevo rincón la Pedriza se desvela novedosa, como si se descorriese el velo de un bello rostro mostrando una faceta nueva, una fragancia de contrastes pétreos que se cuela por la retina.

Son los pequeños descubrimientos que aguardan al oteador de las viejas veredas, esos inciertos caminos que trepan entre los riscos, veredas sin nombre, humildes, que alguien pisó, y que jalonó de hitos, pensando tal vez en otro montañero que algún dia surcara el sendero. Veredas que llevan a una cima que nos aguarda allí arriba, desde lo alto, pero la cima es un momento, una ilusión, una circunstancia. Lo que queda es el camino. O tal vez ni el, queda el recuerdo, pues ni siquiera el caminante que encamina sus dubitativos pasos permanece.

Es hermoso ese minoritario placer de remontar viejas veredas, ¿a donde nos llevará el camino?, tal vez sea esa la pregunta crucial, y puede que cada cima sea solo un momento de esa diálogo interminable que el caminante mantiene con su camino.

Subiendo Cerro Ortigoso, al fondo las Milaneras
El discreto Cerro Ortigoso que parece no existir, o que está allí como un "accidente" observando nuestro paso mientras nos dirigimos a otro sitio, tiene todos los ingredientes para ofrecernos un buen dia, una jornada de veredas y cimas, visto de tan de cerca, muy próximos al último apilamiento de rocas que parece ser casi inexpugnables, su perspectiva cambia, adquiere personalidad propia, su reciadumbre, y la visión de toda la Pedriza, desde allí arriba, es soberbia. Sin paleativos. Y para alcanzarla una vieja vereda, que sube sin adornarse, ténue, jalonada de algún hito, que alcanzando el puente del retén, se adentra en el pinar que se precipita con fuerte pendiente en el Manzanares. 

El sendero va medrando entre el borde del pinar y una zona desnuda de vegetación poblada de grandes lanchares de granito y rocas. El rio va quedando muy abajo y también el sendero que dibujado en la orilla de enfrente es el pr que sube al puente de los Manchegos. La trepada a la propia cima se antoja algo complicada, así que la obviamos, la dejamos a nuestra izquierda para sobrepasarla, de frente se alzaba a lo lejos otro roquedo, el Cerro de las Barreras también con una pinta casi inexpugnable. Aunque en los mapas el sendero parece cortarse desde allí, es posible seguir caminando y enlazar con una de las curvas que hace la pista forestal que sube al Collado. Sin embargo esa opción la dejamos para otro dia.

Amplia pespectiva de la Pedriza. Manzanares al fondo
Nosotros volvimos por donde nuestros pasos, buscando otro ramal de sendero que nos permitiera descender a un collado que se divisaba más abajo, y que ya conocíamos, alcanzamos sin grandes problemas el camino de bajada, tambien jalonado con hitos que, siempre próximo a una vieja valla de piedra alcanzaba tras fuerte pendiente el indefinido collado y ya un corto camino ya bastante ancho que enlaza con la pista forestal que conecta con el collado de los Manchegos.

Como si no quisíeramos que terminara ese magnífico domingo nos demoramos en la bajada, oteando senderos, subiéndonos a algún roquedo, y disfrutando sentados en una amplia explana donde el verde nuevo de la reciente primavera parecia casi explotar. Las venas de los arroyos bajaban ruidosos llenos de vida, de las aguas del deshielo. La Pedriza estaba tranquila, y casi desierta,, y costaba salirse de ese rincón y regresarse a a ciudad. Supongo que nadie subió ese dia al Cerro Ortigoso, salvo nosotros, que nos apropiamos por unas horas de ese rincón.  



No hay comentarios:

Publicar un comentario